la azotea

j.m. sánchez reyes

Como cada 8 de diciembre

Claro que sí, hijos míos, hay árboles más grandes y lujosos que el nuestro. Con luces extraordinarias y diseñados para que todo parezca simétrico. Y nacimientos que se vuelven pequeñas ciudades, donde todo funciona a la perfección. Amanece, anochece y corre el agua. Claro que sí, queridos, pero no son mejores que nuestro árbol y nuestro Belén. Ese abeto sintético y ajado todavía nos tiene que durar unos años más. Nadie tiene esa bola que compramos en Londres ni esos adornos que hicistéis con mimo en el colegio. Tampoco nada supera la ilusión con la que hoy lo remataréis colocando la estrella en la punta. Y el nacimiento volverá a lucir ese modesto portal y la pequeña casita que compramos en aquel mercado navideño. No son el mejor árbol ni el mejor Belén, pero son los nuestros. Porque la Navidad es distinta en cada rincón. Y la que nosotros celebramos en casa es la más bonita del mundo.

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