El Palillero

José Joaquín / león

El día después

SE presenta Pedro Sánchez a la investidura como presidente del Gobierno en un ambiente anormal. Me refiero a que carece, a priori, de los suficientes apoyos para ganar, y a que los líderes de los partidos ya están pensando en el día después de la segunda votación. Lo que se pretende es una misión imposible, a sabiendas de que lo es, pero al menos había que intentarlo. En los últimos días, intenta picar a los de Podemos con promesas etéreas que no cuelan, y diciendo que van a votar lo mismo que Rajoy. Mientras que Albert Rivera, personalmente, intenta convencer al PP para que apoyen la investidura de Pedro Sánchez, afirmando que el acuerdo es asumible, aunque cada uno lo interpreta a su gusto.

Con todo lo que pasa, se nota que es una investidura para cuadrar el círculo, de cara a la galería. Tiempos de realidad virtual. Un presidente que no lo será, un acuerdo de Gobierno que no se ejecutará, unos planteamientos que oscilan según el día, y unos discursos sin fundamento. Vivimos en la apoteosis de lo absurdo. Y se sabe que lo decisivo empezará la semana próxima. Entonces se verá si el debate táctico que sigue en marcha nos lleva a un Gobierno improbable, o a unas elecciones imprevisibles.

Se ha especulado con la posibilidad de un acuerdo de última hora. Parece descartable un pacto entre el PSOE y Podemos, una vez que el acuerdo con Ciudadanos no consiga la mayoría parlamentaria. Sería extravagante que, después de apoyar la militancia socialista el acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera, se pusiera sobre la mesa otro acuerdo con planteamientos radicalmente contrarios. Porque más de lo mismo nunca lo aceptará Podemos.

Desde el PP, los más optimistas aún sueñan con un milagro de Santa Rita (no la Barberá, sino la abogada de o imposible), que permita a Rajoy presidir un Gobierno de PP, PSOE y Ciudadanos. Eso parece tan utópico como que el PP regale la presidencia a Sánchez. Sin Rajoy, es posible que hubiera algunas opciones remotas. Pero nadie ha propuesto esa condición.

El día después, en condiciones normales, debería desembocar en nuevas elecciones. Eso es lo que están asumiendo los partidos. No se sabe a quién beneficia, ni a quién perjudica. El 26 de junio queda a más de tres meses de distancia, y pueden cambiar no pocas opiniones. En este país se pasa de héroe a villano con rapidez. Duran Lleida era el político mejor valorado de España hace cuatro años; y hace un año y pico lo era Uxue Barkos. ¿Se acuerdan de Rosa Díez? Así que tengan cuidado. Ninguno está a salvo de un disgusto, o de una sorpresa.

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