La esquina

josé / aguilar

El descontrol es su condición

UNA empresa pública, Invercaria, creada por la Junta de Andalucía para impulsar proyectos empresariales mediante operaciones de capital riesgo, estuvo funcionando durante más de cuatro años sin criterios de actuación homologados, ni expedientes administrativos ni listado de documentación que justificara los préstamos y ayudas que se concedían a las empresas beneficiarias.

El entonces presidente de Invercaria, Tomás Pérez-Sauquillo, está imputado por presuntos delitos de malversación de fondos públicos y falsedad documental, junto a cuatro empresarios privados y dos empleados de la sociedad, que hasta el destape de sus irregularidades por la Cámara de Cuentas de Andalucía manejó unos cuantos millones de euros del dinero de todos (decenas de millones, más bien).

La Justicia dirá en su día si hubo o no delitos. Lo que sí podemos decir los profanos ya mismo es que esta forma de gestión pública se parece, como una gota de agua a otra, a la que se puso en práctica durante una década en la Consejería de Empleo de la Junta y ha provocado el gran escándalo de corrupción política de los ERE. La aparición de una trama de pícaros y aprovechados en este caso no tiene por qué haberse producido también en Invercaria, pero lo que importa es el fondo: la falta de control y la opacidad en el manejo de fondos públicos es siempre fuente de irregularidades y chanchullos, y a veces también de delitos.

En su origen incide lo que tantas veces hemos criticado: la larga hegemonía de un solo partido, con mayoría absoluta o en situación similar, propicia la desactivación de todos los mecanismos de control de la actividad política y administrativa. Y ello porque está en la naturaleza del poder desmadrarse y extenderse, tanto más cuanto más fácilmente se eliminan o neutralizan los frenos y contrapesos que el Estado democrático ha inventado para evitarlo. La experiencia demuestra que la autovigilancia no funciona. La condición humana hace el resto. Mejor que confiar en la incorruptibilidad de los servidores públicos es poner todos los medios para impedir que ninguno se corrompa. Y no saltárselos gracias a la modorra y la impunidad que proporciona el ejercicio prolongado del poder político.

Moraleja en forma de proverbio árabe: "Alá es grande, pero ata fuerte tu camello". La democracia es grande, maravillosa, pero asegúrate de controlar a quienes la gobiernan. No sea que se lleven el camello, suelto y accesible, a su casa particular.

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