Aver, a ver si hay suerte. De momento los dirigentes sindicales Toxo y Méndez han dicho en rueda de prensa que reanudan las negociaciones con la CEOE y Cepyme y que en un par de semanas como mucho podrán firmar un acuerdo y desbloquear la negociación colectiva. A ver si hay suerte, porque este tipo de cosas se sabe cómo empiezan, con buena voluntad de todas las partes, pero no cómo terminan. Ya hubo momentos en los que parecía que se podía alcanzar un acuerdo y al final no resultó y además se tiraron piedras dialécticas entre un bando y otro. Ahora sin embargo Méndez y Toxo parecen muy seguros de que se ha arreglado lo que estaba muy desarreglado. Ojalá. Ojalá firmen finalmente los empresarios, los sindicatos y el Gobierno un acuerdo que traiga un poco de esperanza sobre el empleo.

Hay motivos para el escepticismo: los dos líderes sindicales han dicho que uno de los puntos que van a exigir es que las empresas destinen parte de su beneficio a crear nuevos empleo, pero cualquiera que haya seguido la trayectoria última de CCOO y de UGT ha podido percibir que el interés de las centrales se centra en quienes tienen trabajo, no tanto en los que aspiran a tener trabajo por primera vez o a encontrar un nuevo empleo después de haberlo perdido. Y sobre todo les importa mucho mantener el estatus social de los casi 300 mil "liberados", enlaces sindicales que se ocupan con exclusividad a su trabajo político-sindical, no pueden ser despedidos ni tampoco afectados por los expedientes de regulación.

Es obligado escuchar ahora a la otra parte, los grandes, medianos y pequeños empresarios. A los que los sindicatos ven con un retrato que no se corresponde con la realidad: el enemigo a abatir, explotador de los trabajadores y con una codicia que no tiene límite. Esa imagen, caduca, antigua y que no se corresponde en absoluto con la realidad es la que ha imposibilitado hasta ahora llevar a buen puerto un pacto laboral. Los sindicatos son incapaces de entender que si las empresas no tienen beneficios les será de todo punto imposible mantener el nivel de empleo y de salarios. Además, en muchas ocasiones las exigencias sindicales, y los impagos de la Administración, de los gobiernos centrales, autonómicos o municipales, les han llevado a la suspensión de actividad, el cierre y la quiebra.

No adelantemos acontecimientos: de momento tenemos unos sindicatos dispuestos a negociar con los empresarios, a intentar de nuevo un acuerdo que cree nuevos puestos de trabajo y dé estabilidad a quienes tienen empleo. Y eso es ya una buena noticia.

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