Notas al margen

David / Fernández

El desafío

A veces José María González, en el conticinio, reniega de ese Kichi envalentonado que proclamó que el PSOE no formaría parte de su gobierno ni en sueños. Guiado por la inexperiencia y la rabia, se conformó con el bastón de mando y este fue su primer error de bulto. De haber calculado bien sus pasos, hoy no tendría que pedirle permiso hasta para ir al baño. El alcalde de Cádiz tiene un buen ejemplo de sensatez y cintura política justo enfrente de San Juan de Dios. El regidor de El Puerto, el socialista David de la Encina, lo primero que propuso a sus socios -tras advertirles que no sería un patito de feria- fue un pacto por escrito para gobernar en coalición, o no sería alcalde. Sin más historias, PSOE, Levantemos El Puerto e IU firmaron un reparto de las áreas de gestión más que interesante con concejalías de peso, que saben a caramelo, en manos de cada partido, junto a otras de mayor desgaste. Todos quedaron contentos aunque se traguen algún sapo.

En El Puerto, el mismo partido que gestiona Bienestar Social, que no es otro que Levantemos, también ha de fabricar los cheques desde Economía, por ejemplo. De este modo, quienes en su día fueron los más críticos se cuidarán de prometer talones a tutiplén sin tener garantizada la partida presupuestaria. De la Encina no sólo se asegura de que no le dejen tirado y solo en el pleno: se garantiza de que los más reivindicativos le vean la cara a los problemas. Igual que conocen las necesidades, ahora también conocen los recursos. Y entretanto, los tres partidos cumplen mili para ponerse al día sobre la Administración con un objetivo común: recuperar la mejor imagen de El Puerto.

Aquí en Cádiz, en cambio, el desgobierno cada vez es más latente, un despropósito. El alcalde, tras despreciar a los socialistas -que vendieron su dignidad a cambio de no dejar pasar a Teófila- no ha sido capaz de pactar con Fran González en algo tan elemental como la gestión de las empresas municipales. Por más ofertas que le brinda al PSOE para repartirse sillones, hoy son los socialistas, a riesgo de convertirlo en víctima, los que no tienen claro qué les interesa más, a tenor de la cercanía de las elecciones.

Si gozaran de una mayor talla política, José María González y Fran González, que unieron su destino para siempre el 13 de junio, aceptarían que sólo pueden triunfar desde el diálogo y la unidad. Si siguen a la gresca, no tendrán opción de superar el desafío y pasarán a la historia bajo la nómina de los grandes notas de Cádiz. No tienen por qué coincidir en todo, pero sus diferencias no pueden apartarles de la defensa de los intereses gaditanos. Si se empeñan en no hacer nada y en avanzar con zancadillas y medias verdades, caerán con sus propias armas. Negándose a negociar por miedo al qué dirán se estrellarán sin anestesia. Y si no hallan la fórmula para atraer proyectos y erradicar el paro con propuestas serias, fracasarán. El alcalde ha de estimular la colaboración y el PSOE debe asumir sus decisiones. Más que un equilibrio de poder, han de aspirar a una Cádiz que no tenga miedo de mirarse al espejo para obtener el reconocimiento a su gestión. Para ello, han de ignorar el calendario y su ombligo.

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