Editorial

El estado (débil) de la comunidad

EL miércoles se celebra en el Parlamento de Andalucía el Debate sobre el estado de la Comunidad. Será el primero que protagonice José Antonio Griñán como presidente de la Junta, poco más de un año después de su designación como sustituto de Manuel Chaves y un año antes de su primera prueba de fuego en las urnas, con las elecciones municipales que va a afrontar como secretario general del PSOE andaluz, un cargo que ha luchado por ostentar y que le convierte en responsable máximo del socialismo andaluz, para lo bueno y para lo malo. El estado de Andalucía es malo sin paliativos. La más grave crisis económica de las últimas décadas ha agudizado las debilidades estructurales de la economía andaluza, excesivamente dependiente de la construcción y el turismo, con una mano de obra insuficientemente formada y serios problemas de competitividad. Entramos en la segunda década del siglo XXI con unos niveles de paro por encima de la media española, que a su vez supera la media de la Unión Europea, y un retraso considerable en la adopción de medidas destinadas a sanear las cuentas públicas y combatir la crisis. El retraso, ciertamente, proviene del diagnóstico equivocado y la errática actuación del Gobierno de la nación, en cuyas manos, y no en las andaluzas, se encuentran las claves de la política económica de la nación. A Griñán, pues, se le pueden atribuir responsabilidades indirectas en la situación actual, por su pertenencia al mismo partido que Zapatero, pero las cuentas directas hay que pedírselas sobre el alcance de las medidas autonómicas acordes con la crisis (reducción del déficit, adelgazamiento de la Administración, aumento de ingresos por vía fiscal), en un horizonte que a corto plazo supondrá el aplazamiento de inversiones previstas en infraestructuras y, a medio, también la pérdida de recursos europeos que en el pasado han supuesto una fuente de financiación que ha aumentado varios puntos el PIB regional. Desde el punto de vista político, por el contrario, la situación andaluza es de ebullición. La larga etapa de hegemonía indiscutible del PSOE ha terminado y por vez primera en treinta años existe una posibilidad real de cambio. Se ha acabado la atonía de la vida política andaluza. Precisamente de cómo evolucione la estancada situación económica dependerá, y mucho, la suerte del mapa político de la comunidad. En 2011 y en 2012.

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