Crónicas levantiscas

Juan M. Marqués Perales

La conversión de Rufián

19 de febrero 2026 - 03:08

Gabriel Rufián es un personaje de Juan Marsé, chulesco, presumido a su manera, un tanto canalla, charnego, su españolidad autorreprimida, casi acomplejada, ha terminado por estallarle por dentro y se ha envalentonado a cruzar el Ebro para liderar a la izquierda española. Cataluña se le ha quedado pequeña, que es la peor conclusión a la que puede llegar un independentista, que la supuesta república a la que aspira carece de dimensiones políticas para lograr sus objetivos programáticos, que ahora se resumen en hacer frente al avance de las nuevas derechas.

Rufián no sería el primer indepe arrepentido, incluso Sabino Arana Goñi llegó a españolear al final de su vida, aunque se desconoce si fue por convicción o taticismo, casi como el chico de Santa Coloma que parece primo de Miguel Poveda.

Buena parte del reventón de Vox en las elecciones andaluzas de 2018 estuvo relacionado con la incapacidad del Gobierno de Mariano Rajoy para reconducir el proceso independentista, y si éste tardó tanto en resolverse fue, precisamente, por Rufián, que amenazó a Puigdemont con el dedo acusador de la traición al grito de que Cataluña no se vendería por 155 monedas de plata. Los Mossos entraron aquel día en el Palacio de San Jorge por lo que pudiera ocurrir tras el tuit de Rufián.

Y esto es lo que le invalida para liderar a la izquierda situada a la izquierda del PSOE, aunque en estos momentos él es el político más valorado en ese electorado. Ni Pablo Iglesias ni Irene Montero ni la amortizada Yolanda Díaz. Sus habilidades para la comunicación, su contundencia discursiva y su forma de hablar lo han convertido en el personaje más seguido de este ámbito en las redes sociales, es el signo de los tiempos.

Antonio Maíllo está, formalmente, en las antípodas de Rufián, ha sido una persona muy coherente con su militancia, es educado como un lord y paciente como un franciscano y no creo que le preocupen las identidades nacionales, por eso es uno de los pocos referentes con auctoritas dentro de ese ecosistema que es tan variado como pequeño. Escaso pero fundamental. En España siempre habrá votantes de izquierda que nunca votarán al PSOE, son menos, pero son clave para la gobernabilidad en los municipios, las comunidades autónomas y el Ejecutivo central, aunque de rufianes han andado sobrados.

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