El palillero

José Joaquín León

El centro revitalizado

HAY que esperar al final del verano, pues todavía queda. No obstante, los dos últimos fines de semana en Cádiz permiten apreciar una tendencia: la consolidación del casco antiguo como zona de ocio nocturno en verano, quizás en detrimento del Paseo Marítimo. No es que el Ayuntamiento gobernado por Kichi ayude más al casco antiguo (donde ganó Podemos en las últimas elecciones), ni que antes Teófila favoreciera al Paseo Marítimo (donde el PP gana siempre), sino que diversas circunstancias, incluso ajenas a lo municipal, han coincidido. Todo ello en beneficio de la hostelería local, que se ha forrado y tal y tal, con alegría del presidente de Horeca, Antonio de María Ceballos.

El fin de semana de la Gran Regata fue grandioso. A pesar de las cifras pitorreables que hizo públicas el Ayuntamiento, es cierto que se llenó todo, todo, todo. En particular, a las horas de cenar. Sin embargo, se ha aireado menos que el pasado sábado, 6 de agosto, a las horas de cenar, también se llenó todo, todo, todo. Se puso el cartel de lleno en el aparcamiento de Canalejas, lo que tiene mérito considerando sus precios, y se volvió a demostrar que la construcción del parking de la plaza de Sevilla no era un antojo de ella, sino una necesidad urbana.

El lleno del sábado pasado en los bares y restaurantes se debió a unas coincidencias circunstanciales, que dividieron el centro en dos zonas: de San Agustín abajo estaba el Carnaval de las ilegales y el concierto gratis de Canteca de Macao en la plaza de la Catedral. De San Agustín arriba estaba la procesión extraordinaria de Vera Cruz, por escenarios poco vistos, como Argüelles y plaza de España, a la que afectó el vendaval de levante, hasta el punto de que donde más lució fue en la calle San Pedro, como siempre. Se generó un efecto de gente bien repartida, sin conflictos acústicos, ni mezclas indeseables. Y eso benefició a la hostelería de todas las zonas del centro.

Por el contrario, el Paseo Marítimo se ha visto más desanimado que otros años en muchas noches de verano. Atribuirlo al apagón de los focos es opinable. La musiquita catetorra de las puestas de sol no atrae multitudes. También se podría recordar que el Tiempo Libre sigue cerrado, y sin perspectivas. Y no se han generado alicientes alternativos hasta que ha llegado el día de las barbacoas en extinción.

Ya no ocurre como en otros tiempos, cuando toda la movida emigraba en verano a Muñoz Arenillas y en invierno a la plaza de San Francisco. Ya no existe un Cádiz de verano y otro de invierno. O eso parece.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios