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El Palillero

El carné del vacunado

Para implantar este carné sin agravios sería necesario que la gente se pueda vacunar libremente, cuando uno quiera

Con las guerras pasaba eso: primero destrozan todo y luego empiezan la reconstrucción. Después de la guerra civil implantaron las cartillas de racionamiento para aliviar el hambre en los años de posguerra. Después de la pandemia (o incluso antes de que acabe) quieren implantar el carné del vacunado. No sería para que te den leche en polvo o patatas, para eso ya están Cáritas y los comedores sociales, sino para viajar. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ya ha pedido que se apruebe el carné de los vacunados. Así los madrileños y los bilbaínos, incluso los ingleses y los alemanes, podrían venir a Chiclana y a Rota, a Conil y a Tarifa, a El Puerto y a Zahara de los Atunes, también a Cádiz y a Jerez, que tienen sus hoteles arruinados. El vacunado, cuando se inmunice, podría viajar a donde le salga de los colchones.

Y entonces llegará un agravio comparativo: ¿Y por qué mi vecino Paco, que es tres años más joven que yo, está vacunado y él podría viajar a Ibiza, o a Lanzarote, y yo no? ¿Y por qué mi cuñada Vanesa, que se vacunó por ser profesora de instituto, puede viajar a Londres o a Berlín, y yo no puedo ir a París o a Roma? ¿Y por qué mi tío Eugenio, que ya ha cumplido los 89 años y era un crack del Imserso, podría ir de vacaciones a Salou (Tarragona) para visitar Port Aventura, aunque lo tenga que trasladar yo al aeropuerto de Jerez, y a mí sólo me permiten los viajes esenciales de trabajo?

Algunos pensarán: el carné del vacunado aumentará las discriminaciones inconstitucionales y liberticidas que denuncian los fieles cumplidores de la legalidad atropellada y los derechos humanos pisoteados. Otros dirán: ya te llegará el turno. Pero la realidad es que a algunos les ha tocado aleatorio, de casualidad, ole ahí. Ya hemos dicho que pocos viejos del 55 han sido pinchados, a pesar de que han cumplido 65 ó 66 años. Y los ministros más viejos vacunados son Manuel Castells, de 79 años, e Isabel Celáa, de 71 años. Vale que la reciban los ministros setentañeros, pero es menos justificable que la ministra de Defensa, Margarita Robles, de 64 años, esté vacunada ya, y es la misma que obligó a dimitir al Jemad Villarroya, de 63 años. Y que estén vacunados ministros más jóvenes, como José Luis Ábalos, de 61 años; Miquel Iceta, de 60; José Luis Escrivá, de 60; y hasta Juan Carlos Campo, que recibió su dosis de Astra Zéneca en Cádiz a los 59 años.

Para implantar este carné sin agravios sería necesario que la gente se pueda vacunar libremente, cuando uno quiera, no cuando te llamen. Será injusto mientras no exista la igualdad de oportunidades.

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