Notas al margen

David / Fernández

El caramelo

AL oír a ese gran visionario llamado Nicolás Maduro lanzar soflamas contra la oposición por alimentar el odio y llevar al país a una confrontación, justo lo que él se propone al negarse a ceder un ápice de poder tras la debacle sufrida por el chavismo, es lógico que Podemos adopte una calculada distancia con Venezuela para no perder crédito, aunque con ello no logre que se olviden sus loas hacia Chávez antes de que su país cayera en el caos político, económico y social. Su admiración por el chavismo es tan honda y sentida que le ha llevado esta semana a no firmar un manifiesto por la defensa de la democracia en Venezuela.

Este gesto enorme ayuda a entender por qué el gobierno de José María González torpedeó la entrega del Premio Libertad Cortes de Cádiz a los opositores venezolanos Leopoldo López Mendoza, Antonio Ledezma Díaz y María Corina Machado Parisca "por el empeño y sacrificio en defensa de las libertades". Fue el penúltimo caramelo envenenado que dejó Teófila al alcalde y su socio Martín Vila. Como es sabido, los dos primeros se encuentran encarcelados, mientras que Machado tiene prohibido abandonar Venezuela. Y para disuadir a los familiares que quisieran recoger los galardones, Podemos se negó a sufragar el viaje. Tiena gracia. Por interés partidista y por lo que se jugaban en campaña, Podemos insistía en paralelo desde Madrid, a pocas horas del 20-D, en su afán por desmarcarse del régimen de Venezuela para no verse salpicado por la persecución que sufren los opositores de Maduro y por la crisis que padece la población venezolana.

Ya cuando finalizó el recuento, Iglesias volvió a demostrar que se inspiró en la revolución bolivariana para crear su partido al insistir en sus condiciones a Pedro Sánchez para pactar con el PSOE. Además del imposible referéndum catalán -necesitaría los dos tercios del Congreso y otro tanto del Senado para la reforma constitucional- mencionó de nuevo el referéndum revocatorio, una consulta a imagen y semejanza de la que parió Chaves para tranquilizar a quienes recelaban de sus planes entre su potencial clientela. Iglesias también prometió someterse al dictamen de los ciudadanos en caso de incumplir su programa, al igual que el mandatario venezolano. Lo que no contó es que a la hora de la verdad, Chaves advirtió a los que firmaron en su contra que quedarían registrados para la historia. Y no sólo cumplió su amenaza, sino que despidió a los funcionarios que aparecían en la lista. Hasta que nació Internet, lo que ocurría en Venezuela pasaba de largo y nos preocupaba lo justo porque nadie tenía que tomar decisiones que apelaran a su sentido común. En adelante puede que nos siga importando poco el futuro del pueblo venezolano y la entrega de unos premios, pero la conciencia en esta nueva aldea global empezará a actuar como un dolor de muelas. Centrándonos en las ideas positivas que ese régimen pudiera inocular al alcalde y sus concejales, lo ideal sería que expliquen a los gaditanos qué valores democráticos de referencia se pueden importar hoy de Venezuela, y qué medidas sociales que ya han fracasado allí se pueden aplicar aquí con éxito. Maduro no se cansa de hablar de justicia social, pero los hechos le dejan en evidencia.

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