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José De Mier Guerra /

La calle de la vega

01 de julio 2012 - 01:00

Con el título de "Calles y Plazas de Chiclana" (Nomenclatura Histórica desde 1700), Manuel Meléndez y Francisco J. Yeste, chiclaneros inquietos por la historia y la cultura de éste, su pueblo, han redactado un callejero histórico, en el que valiéndose de los diferentes nombres que han sido asignados a sus diversas calles a lo largo de trescientos años y de los edificios que han ido apareciendo y desapareciendo durante ese tiempo, van describiendo de una manera ágil y rigurosa la historia de nuestra ciudad, de Cádiz y otros acontecimientos histórico de relevancia nacional.

Es un considerable y meticuloso compendio de datos históricos pacientemente contrastados que se hace imprescindible para todo aquel que quiera ir penetrando en el conocimiento de esta villa y ciudad de Chiclana.

El texto fue editado por la Fundación Viprén en 2006 como resultado del fallo del "I premio de investigación local Dionisio Montero"

Puede deducirse con claridad, de su lectura o estudio, que lo que mas perdura de un conjunto histórico son las trazas de sus calles y plazas, son las que permanecen, mientras los edificios y sus usos van cambiando con cierta rapidez y la denominación de los viales se adaptan a las circunstancias de cada momento a un ritmo mas acelerado. En todo caso la apertura o cierre de alguna vía siempre tiene una mayor influencia, que cualquier otra circunstancia, en el desarrollo territorial y económico del municipio.

Los primeros desarrollos de esta ciudad no se hicieron de una manera homogénea alrededor del núcleo fundacional sino que se produjeron en mayor medida en dirección a poniente y norte de ese primer enclave, por eso el centro histórico que conocimos en el siglo XX no coincide con el eje geométrico del casco, el corazón de nuestro casco histórico nunca dependió de una planificación geométrica sino que fue originado por razones ajenas a la planificación, ni fueron nunca razones programadas las que crearon un centro que pasó a ser histórico.

En el libro que mencionamos, no se si casualmente o como pretensión de los autores, es la calle "de la vega" la primera que se describe. Se hace, como una calle importante originada por la primera gran expansión de la ciudad hacia sus zonas mas bajas. Ha sido esta calle la que ha representado al centro de la ciudad durante muchos años y aún intenta conservar, como antigua marquesa arruinada, su señorial e ilustre ascendencia.

Aunque la apertura de la calle "de la vega" pudo comenzar en el siglo XVII, sus años de oro no llegaron hasta el siglo XX. El paseo José Maria Quecuty (alameda del río) se inauguró en 1898 y acertó incluso con la denominación pues los ciudadanos lo utilizaron sobre todo para pasear, muy poco para sentarse o contemplar el río. Se paseaba, formando filas de varias personas y siempre por la derecha en sentido contrario a las agujas del reloj. La trayectoria tenía forma de T, pues en el paseo se incluía la calle de la vega perpendicular a la alameda del río. Toda la población, joven y menos joven, se acercaba a pasear, sobretodo los domingos.

En 1927 con el embellecimiento de la alameda mediante farolas, bancos artesanales y el Kiosco de la música su uso se acentuó.

Pero no fue solo la aglomeración de personas los días de paseo el hecho que condicionó la importancia de la calle. La ubicación de la pasarela peatonal sobre el río frente a la misma y la localización de la plaza de abastos cercana al comienzo de la calle, hizo de la vía un paso obligado y diario para mucha parte de la población.

La plaza de abastos pasó a ser pública en 1927, pero para entonces ya llevaba años funcionando como negocio privado de la familia Lora. Era necesario acudir todos los días a "hacer la plaza", pues no había en casa capacidad de conservar los alimentos en condiciones, cuando mas se utilizaba la "fresquera", que no era otra cosa que una alacena situada en el lugar mas fresco de la casa. Además, la mayoría de la población vivía realmente al día. Las rentas del trabajo se pagaban diariamente, se cobraba el "jornal" por la noche y a la mañana siguiente se salía a comprar para el consumo diario. Luego todas las mañanas la calle de la vega era un continuo discurrir de gente.

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