SE multiplican las encuestas electorales, a veces incompatibles, y parece que la única certeza que nos dejan es justamente que todo está por dilucidar. Nada es seguro y la moneda, ahora con nuevas caras, está en el aire.

Es probable que el PP sea el partido más votado. A pesar de todo, cuenta un suelo electoral consistente que estaría entre el 26 y el 32% de los votos. Aquí las cuentas, salvo sorpresas, son relativamente sencillas: si supera los 130 diputados conservará opciones de gobernar; por debajo de esa cifra el panorama se le complica. El socio previsto -Ciudadanos- no se muestra demasiado proclive a prestarle su auxilio, por lo que la idea, tan tranquilizadora para el centroderecha, de que lo fundamental es la suma de las dos fuerzas, no pasa de esperanza irreal.

Tampoco el PSOE encuentra cielos más despejados. El augurado tope de 90 diputados resultaría catastrófico. Casi con total seguridad, supondría la defenestración de Pedro Sánchez. En verdad, su localización en el espectro ideológico le hace vulnerable por su derecha y por su izquierda. Tanto, como para pensar que su desafío principal es conservar la condición de segunda fuerza en el arco parlamentario.

En cuanto a Ciudadanos, nada es descartable. Puede ganar las elecciones e incluso, aunque no las gane, con unos números altos, equiparables o mejores que los del PSOE, encontraría lo que creo es su escenario perfecto. La insistencia en que no tiene por qué gobernar el partido mayoritario aclara bastante sobre el sentido de sus preferencias: votar a Ciudadanos para impulsar un pacto con el PP es, entiendo, un craso error; hacerlo para que fabrique una nueva mayoría, una hipótesis más que verosímil.

Podemos, en fin, representa para mí la mayor incógnita. Los 30-40 diputados que le otorgan los estudios demoscópicos, siendo un logro, quedan lejos de las expectativas de hace sólo unos meses. Aun así, tales datos esperados dependen de muchas variables: el comportamiento de la izquierda tradicional, el pragmatismo de los votantes, el grado de indignación que todavía perviva… Demasiados factores como para descartarle de entrada.

En esas condiciones, con un 20% de indecisos, la campaña va a ser determinante. Nunca fue tan necesario que cada votante vote con plena responsabilidad, sabiendo exactamente la España que quiere. Eso es, al cabo, la democracia: un método que reclama absoluta coherencia de cuantos gozan del poder de elegir.

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