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La Aldaba Andaluza

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

¡Y ahora resulta que la disciplina es clave!

La sociedad que ha debilitado a los profesores hasta despojarlos de autoridad lamenta ahora el comportamiento de los jóvenes

Dicen que si la noche de San Juan, que si las botellonas, que si las aglomeraciones en la playas... Los jóvenes son apuntados como los principales irresponsables en estos días que estamos a la que salta con los rebrotes. No se trata de criminalizar a ningún colectivo, solamente de hechos probados. Los vídeos de desalojos de playas andaluzas y catalanas ofrecen imágenes nítidas de quiénes son mayoritariamente los que se saltan las normas. ¿Algunos infelices esperaban otra cosa? La sociedad que ha orillado a los profesores, protagonistas con pies de barro del sistema educativo, ha criado lo que ha criado en muchísimos casos. Los padres hiperprotectores, con obligación moral de suministrar las comodidades que ellos no tuvieron, que asumen el papel de proveedores de todo tipo de facilidades y fiestas a la mínima oportunidad, ¿qué esperaban? Si les han dado bodas en vez de comuniones, si no han sabido decir que no, si se han hipotecado para costear lo incosteable. Ahora vamos a pedirles disciplina... ¿a quién? Si les hemos dicho que tenían derecho a todo y no debían sufrir por nada. Si exaltamos la calidad de vida desde una perspectiva absolutamente hedonista, elogiamos el pelotazo y despreciamos el sacrificio, si transmitimos la idea de un éxito consistente en lograr el máximo a cambio del mínimo. Si las autoridades (ojo, las autoridades) han querido instalar un botellódromo hasta hace pocos años. Si la clase dirigente hace tiempo que le cogió miedo a los votantes jóvenes... ¿Ahora podemos exigir un comportamiento responsable a quiénes? La autoridad hace tiempo que está en crisis. No sólo la de los profesores, sino la de los médicos. Aquí cualquier niñato tutea a una persona mayor, no se levanta para ceder el sitio a un anciano, se relaciona con el prójimo con ademanes de matón a la mínima contrariedad. Hemos querido ser tan próximos, modernos, cercanos y campechanos que el buenismo ha arrastrado valores como el respeto, la disciplina y la moral, que son de cultivo largo. No se imponen en dos días. Ahora se extrañan de que generaciones de jóvenes no respeten las mínimas medidas de cautela y se lancen a las playas como si no hubiera pasado nada. ¿Mascarillas? ¿Dos metros de distancia? Demasiadas exigencias para quienes han actuado como escoltas y no como padres, como amigos y no como padres, como conductores y no como padres, como jefes de gabinete recordando los deberes y no como padres. Luego llega el juez Calatayud, nos echa la bronca en cualquier entrevista y elogiamos lo bien que habla. "¡Tiene razón, hay qué ver cómo están algunos jóvenes!".

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