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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Para no acostumbrarse al horror

Leer a Svetlana Aleksiévich es un excelente antídoto para que no nos 'acostumbremos' a la tragedia de Ucrania

Siemprees necesario y bueno leer a Svetlana Aleksiévich. Y en estos tiempos más que nunca. No sólo porque tenga el reconocimiento del Nobel, porque haya nacido en Ucrania o porque sea una represaliada política que tras las elecciones fraudulentas de 2020 tuvo que huir de la persecución de Lukashenko y exiliarse en Berlín. Estas razones, desde el glamour del Nobel a su coraje político y su conocimiento personal de la agresividad de Putin y sus secuaces en plena crisis internacional tras la invasión rusa de Ucrania apoyada por Lukashenko invitan a leerla. Pero hay algo más. Y es lo más importante. El género que Aleksiévich ha creado: el relato coral formado por cientos, miles de voces cuyos testimonios ha ido anotando en un trabajo exhaustivo previo a otro trabajo aún más difícil: escribirlas dándoles la palabra, convirtiéndolos en protagonistas de sus obras, dando vida -auténtica vida- a sus historias personales, con nombres y apellidos, a la vez que fundiéndolas en un relato único, asombrosa combinación de la monofonía de una personalidad autorial que desde la primera página hace presente su estilo y su pensamiento, y de la polifonía formada por los cientos de voces que viven en sus libros. "No estoy sola en este podio -dijo al recibir el Nobel-, hay voces a mi alrededor, cientos de voces…".

Novela-oratorio se ha llamado con acierto a sus personalísimas creaciones en las que su voz, las voces solistas de los testimonios personales y el coro de los miles de seres anónimos representados por ellos se funden con un resultado tan emotivo como desgarrador, políticamente esclarecedor y humanamente grandioso. El drama de personas comunes que, arrastradas por las corrientes de la historia, protagonizan hechos extraordinarios o sufren tragedias devastadoras. Así han nacido esas obras únicas, de las más poderosas y humanas que haya leído, que son Voces de Chernóbil, La guerra no tiene rostro de mujer, Últimos testigos: los niños de la Segunda Guerra Mundial, Los muchachos de zinc. Voces soviéticas de la guerra de Afganistán o La caída del homo sovieticus, obras maestras que les recomiendo en el caso de que las hayan leído. ¿Por qué es importante leerla siempre, pero más en estos días? Porque da voz a las víctimas, les pone rostro y nombre, las hace personas y no solo números. Y porque nos estamos acostumbrando a la diaria ración de horrores despersonalizados.

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