La Corredera

Antonio / morillo / crespo

¿Un abuso ?

ME hace mucha gracia quienes dicen que hay que culturizar al pueblo eliminando el fútbol, que es el nuevo opio de las masas, y hasta se acuerdan de aquello de los romanos panem et circenses y del 1 de Mayo de Franco.

Habría, según ellos, que emitir la Traviata de Verdi en vez del Atlético-Real Madrid. Sinceramente creo que el fútbol, como cualquier deporte, es necesario y conveniente. Piénsese cuantos millones de personas se agolpan ante el televisor con un buen partido y cómo se lo pasan. Y las comidillas y los comentarios durante toda la semana entre los partidarios de uno y otro. Y cómo se desahogan los espectadores en los estadios y cómo se promueve con ello a la juventud a practicar los deportes.

¡Menos lobos señores ilustrados! Porque, además, una cosa no elimina la otra, que después del partido se puede leer a Machado.

Viene esto a cuento por el numerito que han organizado con la Liga Europa, la Champions, que en virtud de la llamada fibra óptica no se puede ver en la mayoría de ciudades y pueblos. Sí en las capitales donde la dichosa fibra llega, dejando a millones de criaturas sin su espectáculo favorito. De manera que aproximadamente 2.700 pueblos de España no pueden ver sus partidos, salvo el abierto, porque a ellos no les llega aún la fibra de sílice y sí la de cobre ADSL.

La competencia entre las operadoras y las exclusivas, muy respetables, hasta con el regodeo de ofertar ahorros y mejoras cuando no es posible la conexión (hasta de risa es llamar al teléfono que pregonan). Sin fibra óptica, ni por Internet, ni por nada se pueden ver los partidos, ni pagando, dicen los técnicos.

P.D. Las operadoras van a lo suyo. La culpa no es de ellas sino del poder público que permite que un espectáculo, que puede considerarse como servicio público, (sí señor que todo el mundo tiene derecho a la diversión y al entretenimiento, sobre todo cuando se sufren otras graves necesidades) esté monopolizado por quien no puede ofertar y servir a todos los ciudadanos por igual, sino solo a los que, más privilegiados, viven en las grandes ciudades.

Y dicho esto, para contentar al ilustrado, cuando haya un partido me pondré a leer la Iliada de Homero, con música de la Quinta Sinfonía de Beethoven.

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