Yo te digo mi verdad

Vivan los impuestos

Me gusta tributar para que mi aportación vaya a mis escuelas para mi educación, a mis centros sanitarios para mi salud

NO es que sea un fanático de los impuestos, pero si el fervor de la discusión se lleva a un determinado punto puedo llegar a declararme como tal.

Hablo desde el punto de vista de un purista: del que defiende que todos paguemos y todos según sus rentas. Por lo tanto, soy igual de ferviente en abominar del abuso contra los que no tienen ninguna posibilidad de escapar de esta obligación, y son por ello el objeto de todas las medidas de control, es decir, los que cobran por nómina y de manera legal, mientras se tiene mano blanda hacia los poderosos.Así que sospecho de todo el que pide, siempre y en todo lugar, la bajada e incluso la desaparición de los impuestos. Sí, me malicio que cuando denuncian que "el Gobierno se está forrando a impuestos", en realidad lo que quieren es el campo libre para forrarse ellos. En muchos casos son los mismos que, cuando les ocurre algún contratiempo, levantan la voz para exigir al Gobierno que les ayude en sus tribulaciones.¿Lo digo? Sí, lo digo: me gusta tributar para que mi aportación vaya a mis escuelas para mi educación, a mis centros sanitarios para mi salud y a mis infraestructuras para poder moverme con seguridad. Y aún me gusta más si mi contribución va para los que no podrían acceder a esos servicios por sus propios medios. Así es como una sociedad va tejiendo lazos de unión, se hace más fuerte y, de paso, menos injusta y menos desigual.

Quitar impuestos supondría, aparte de una gran alegría para los ricos, retroceder en el tiempo a épocas en los que cada uno se tenía que servir, más que de su inteligencia, de su astucia para sobrevivir y en los que no había ninguna estación intermedia entre los médicos privados y la beneficencia y la caridad, por ejemplo.Los impuestos progresivos son, por otra parte, todo lo contrario del uso de los mismos con fines exclusivamente recaudatorios, como han hecho algunos gobiernos en tiempos de crisis aumentándolos a la vez que recortaban en servicios públicos, o utilizándolos para hacer salir de la crisis a grandes sectores que luego no han devuelto el favor. Eso sí que es la perversión del sistema.

Vivan pues los impuestos justos. A menos que queramos volver a la ley de la selva, esa norma inhumana no escrita (o sí) con la que sólo están a gusto los grandes depredadores.

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