La cornucopia

Gonzalo Figueroa

Tristeza Popular

Si la hermosa princesita que retrata Rubén Darío en su bellísima Sonatina padecía de una irreparable tristeza, está visto que no por ello tenía la exclusiva del sufrimiento y la aflicción. Y esto lo sé de buena fuente, pues en "El País" del pasado domingo, según nos informa Carlos Cué, el hasta ahora silencioso y cauto Eduardo Zaplana, actualmente alto ejecutivo de Telefónica, manifestó literalmente: "Siento una gran tristeza por la situación que están recogiendo los medios…La Comunidad Valenciana…supo estar en el liderazgo del crecimiento…En un momento de crisis como esta, desearía que la imagen que nos acompaña cada día no fuera la que es". Y no es para menos, porque el llamado "Caso Brugal", ha traído consigo "una riada de escándalos" en la Comunidad Valenciana. Y eso que Zaplana no se refirió de forma expresa al anterior "Caso Gürtel", donde figuran como presuntos imputados, entre otros, el secretario general del PP local Ricardo Costa, así como el presidente de dicha Comunidad, el también popular Francisco Camps, porque como comenta el periodista citado, Zaplana, "ya fuera de la política, no ocultó su enemistad" con el segundo, cerrando la pregunta de aquél con una frase decisiva: "No estoy en las mejores condiciones para dar ningún consejo, para qué vamos a ser hipócritas".

No puedo negar que tanta pena Zaplanística me sorprende y desconcierta, porque hasta que me enteré de ella, no había logrado descubrir en sus correligionarios importantes el menor asomo de congoja ni pesadumbre por el aludido desbarajuste valenciano. Por el contrario, desde Rajoy, Arenas y Cospedal, hasta los mismísimos sumariados, como el presidente de la Diputación alicantina Ripoll, pasando por la alcaldesa Castedo y otros connotados militantes populares, nadie asume como propia la escandalera armada por el empresario Enrique Ortiz con sus generosos manejos en relación con el Plan General de Ordenación Urbana de Alicante. Y ya no digamos nada de tribulaciones o amarguras por parte de los nombrados y sus acólitos, porque sus respectivas alegrías son públicas, salvo cuando se trata de despotricar contra los sociatas de la zona valenciana o del país entero, partiendo por el presidente Zapatero, su segundo Rubalcaba o cualesquiera otros que les siguen en rango, lo que les hace trastocar la alegría en indignación.

Los ciudadanos de a pie de esta dolida España, ante tanto abuso, llámese "Gürtel" o "Brugal", sufrimos como la princesa de Darío, "que ha perdido la risa/ que ha perdido el color".

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