El eterno consejo que nos dan los políticos es que hay que usar el transporte público por cuestiones de todo tipo. El problema es cuando las palabras son huecas y el que las dice no está convencido porque, en muchos casos, hace tiempo que no compra un mísero bonobús. Pongamos el ejemplo de una familia tipo de dos adultos y dos niños a la que le da un sábado cualquiera por ir al parque de Los Toruños a hacer un poco de deporte en bicicleta. Para ello deciden montarse en un tren de cercanías hasta Valdelagrana, para ir de ese apeadero hasta el parque ya montados en bici. El viaje de ida y vuelta se acerca a los 30 euros y todos pagan el mismo importe. ¿Que el niño tiene ocho años? Da igual, paga exactamente igual que el adulto. ¿Que la niña no pasa de 12? Igualmente. Si no vas a utilizar casi a diario el tren, no hay ventaja que valga. El próximo día, a recorrer el carril bici de Cádiz. Más baratito.

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