POSIBLEMENTE ustedes no tengan la misma suerte que yo. O la misma mala suerte. En los últimos meses me ha tocado la lotería en varias ocasiones, incluso diría que en muchas ocasiones. Por eso concluyo que tengo suerte. Pero por otra parte no he podido cobrar los numerosos premios de lotería que me han tocado por no tener dinero para ir a cobrarlos. Es por lo que finalmente pienso que más que buena suerte, tengo mala suerte. Y es que me han tocado premios en las loterías de Australia, Nueva Zelanda, el Reino Unido, Suiza, Canadá, Angola, Zambia, incluso en las Islas Seychelles, aunque he de confesar que los premios más importantes y repetidos me han tocado en el Reino Unido y Australia, mientras que el más sustancioso fue el de Zambia. Para colmo, he tenido premios a la fidelidad de la empresa de Correos de Italia, al igual que también el sistema de correos de Suiza me ha premiado por la frecuente utilización de sus servicios. Pero como decía antes, por mi falta de liquidez -ausencia de fondos que he padecido incluso antes de la crisis actual- no he podido desplazarme a los diversos y atractivos países que me han beneficiado con su generosidad para recibir los premios.

Coincidirán conmigo que es mala suerte. Abre uno su correo electrónico y se encuentra con un mensaje que en el asunto, en inglés, francés o italiano, te felicita por la suerte que tiene en la lotería. Naturalmente abres el mensaje y con toda amabilidad y corrección, el director general de los servicios nacionales de la Lotería del país Equis, te comunica que te han tocado nosecuantos miles de dólares o de euros en el primer o segundo premio de la lotería nacional que dirige, y te da la opción de dar un número de cuenta. Como uno es prudente y quiere evitar conflictos con Hacienda, se plantea viajar a recoger el dinero en metálico, y, entonces, se encuentra con que la agencia de viajes no te fía el billete para ir a donde sea a cobrara el premio. Y lo malo no es eso, lo peor es que encima te llaman incauto y simplón.

Es entonces cuando llegas a la conclusión de que en este mundo hay mucha envidia, y por eso no le cuentas al de la agencia de viajes, ni a nadie, que además entidades bancarias en las que no tienes ahorros te ofrecen premios por tu fidelidad, te avisan de que hay que renovar tus claves bancarias por motivos de seguridad o por algún problema informático, o que te han ofrecido gratuitamente tratamientos para el agrandamiento del pene, o pociones que tienen el mismo efecto que la viagra a precios de saldo. Y no lo haces porque hay quien te dice, por pura envidia, que son estafas que circulan en la red. ¡Qué ingenuos!, no saben que la red es un sistema seguro vigilado por los gendarmes del universo.

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