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Alberto Grimaldi
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C OMO anticipo al Día Internacional de los Pueblos Indígenas (hoy) el presidente de Bolivia, a quien un asesor le habrá soplado el clásico 'divide y vencerás', ha puesto en marcha el decreto de las autonomías indígenas: cerca de 200 municipios con lenguas, valores y culturas propias podrán gobernarse por sí mismos. Muchas culturas parecen. No les costará trabajo porque serán pocos en cada comunidad. Habrá escollos: en las comunidades pequeñas las rivalidades pueden llegar a las manos y, para hacer valer etnias y formas de vida anteriores al siglo XIII, las comunidades vecinas pasarán a ser rivales y peores que la propia. Evo Morales, santo varón de no sabemos qué etnia precolombina de las 180 que aspiran a autogobernarse, tiene asegurada la presidencia vitalicia: además de dividir a los indígenas, los va a mantener en la ignorancia y la pobreza por aislamiento.
Bolivia ha sido pobre desde antes de ser Bolivia, y la nación, por ahora, de habla española que más golpes de Estado ha tenido. El benemérito Morales quiere fragmentar a los bolivianos antiguos en territorios aparte parecidos a las reservas indias de Estados Unidos: privilegios, pero dentro de las reservas, no fuera. Los indios norteamericanos son ricos y, la mitad, alcohólicos, gordos y diabéticos, porque se les han otorgados concesiones que no tienen los demás norteamericanos: el juego, por ejemplo. Los indios trabajan, si quieren, fuera de las reservas, pero han de estar empadronados en ella. Viven bien y no se quejan, y los que se salvan del dinero fácil, comida y bebida pueden aspirar a otros destinos.
Este izquierdismo nuevo no lo comprendemos bien. Más parece derecha apostólica contraria a la modernización de las naciones. Los regímenes nuevos que aparecen como herencia de la Revolución Francesa fueron centralistas. Bolivar se opuso a la independencia boliviana porque quería una gran nación en Sudamérica, pero acabó por aceptarla y le elaboró una constitución con presidencia vitalicia, precedente de la actual. Duró poco. Enseguida empezaron los golpes de Estado: el último, y legal, el de Morales. La política de división y aislamiento en nombre del socialismo llevará a los indígenas a más incultura y menos posibilidades de desarrollo. La aún llamada izquierda en América ha tomado la política de las dictaduras reaccionarias del siglo XX.
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