La tribuna

Fernando Heredia Martínez

'Rentrée'

HAY palabras que salen del entorno de su lengua y entran y son asimiladas a otros idiomas y adquieren un valor simbólico de ciertas situaciones, ciertos hechos, convirtiéndose en universales. Así ocurrió con el vocablo español guerrilla y así ha ocurrido con el francés rentrée. ¿Qué significa? Aunque la traducción literal sería la de volver a entrar, en el lenguaje figurado es la vuelta a la actividad: escolar, académica, laboral, política, después del periodo vacacional del mes de agosto. Vemos, por tanto, que se trata de pasar de la inactividad, el reposo y la relajación que ha significado el veraneo -palabra por cierto en desuso, tal vez por tener un cierto contenido elitista- a la actividad cotidiana.

Las vacaciones tal como las entendemos hoy día es un fenómeno relativamente reciente, y fue el Gobierno del Frente Popular francés, en los años 30 del pasado siglo, el primero en legislar en el continente sobre el derecho de los trabajadores a tener días de asueto remunerados. A partir de ese momento, los gobiernos de muy distinto signo político consideraron que se trataba de una sana medida que contentaba a la población y le permitía trabajar con más intensidad a la vuelta de los días de reposo.

Las vacaciones, en el plano de la actividad cotidiana, significan un cierto estado regresivo, una cierta ociosidad, un despreocuparse de los problemas cotidianos que en ocasiones han atormentado a la persona. Por tanto, la primera reflexión que viene a la mente es la similitud entre el bebé que está en el vientre materno, con todo dispuesto, todo a su alcance, y el parto que significará su entrada en la vida extrauterina con el comienzo de una cierta actividad autónoma, aunque con la percepción de su desamparo y del estado de dependencia de los otros.

Durante el periodo vacacional la persona tiende en ese estado de atención flotante a reflexionar sobre los avatares del pasado inmediato, para corregir y mejorar la gestión de su tiempo, la planificación para realizar nuevos proyectos, vivir nuevas ilusiones. Podría decirse que existe una cierta similitud entre las vacaciones estivales y las de Navidad en el sentido de la situación regresiva, de ociosidad, pero mientras que en las primeras suceden en un tiempo civil, se reflexiona sobre el pasado inmediato y dicha reflexión es de carácter operativo, las segundas acontecen en un tiempo religioso, se repasa la vida pasada y dicho examen es de tipo existencial, espiritual en ocasiones, hecho este último que se ve apoyado por la celebración en la Cristiandad del nacimiento de Jesucristo.

Pero ese retomar de la actividad que significa la rentrée con energías renovadas, con nuevos proyectos y nuevas ilusiones -que, por cierto, en España, en el lenguaje popular, no ha seguido la traducción literal de regreso o retorno al trabajo, sino una expresión tan tierna como vuelta al cole- se ve en ocasiones perturbado, porque aunque la persona desea cambiar de actitud, su entorno -profesional, laboral, social- no ha cambiado, lo cual hace en ocasiones difícil, si no imposible, llevar a término los proyectos imaginados.

Son, como en Las buenas intenciones, de Max Aub, deseos irrealizables. Ello genera muy diversas reacciones: desde caer en un cierto estado de spleen, un tanto depresivo, al desinterés por las cosas que le rodean; el desplomarse en una monotonía estéril; un estado de petrificación -de estatua de jardín- lejos de toda iniciativa, esperando como protagonistas de una pieza de Chejov que el tiempo modifique la realidad. Pero también habrá los que como personajes barojianos se crezcan ante las dificultades y consigan llevar sus proyectos adelante y terminarlos, si no con los resultados imaginados, sí al menos acabados y que serán una fuente de satisfacción personal.

Pero existirán distintas rentrées. La escolar será el momento donde el niño entra en un mundo nuevo: la escuela, desprendido ya de la protección materna. Los muchachos que ingresan en el instituto, que vivirán la ambivalencia entre el adiós a la infancia y a la escuela y la entrada en la adolescencia y un nuevo espacio escolar. La rentrée universitaria, con sus rituales iniciáticos. La rentrée parlamentaria, donde los estados mayores de los partidos políticos empezarán a diseñar estrategias para desgastar al adversario y los grupos parlamentarios se convertirán en torres de asalto llenas de arqueros finos, como en un poema lorquiano.

El vocablo rentrée viene a expresar, por tanto, un concepto en el que se entremezclan el espacio, el tiempo y la memoria y donde se produce una relación dinámica entre pasado-presente y presente-pasado. Tomar un nuevo impulso para el presente, evocar y corregir los errores del pasado.

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