La tribuna

joaquín Rábago

Renta básica universal

FINLANDIA, un país pionero o modelo en tantas cosas como el sufragio femenino o la excelencia educativa, estudia la posibilidad de introducir a título experimental una especie de renta básica para sus ciudadanos mayores de edad. No sería, según las noticias, una cantidad importante ya que oscilaría en torno a los 800 euros al mes cuando el salario medio en ese país es de unos 3.300 euros, pero lo importante es que tendría carácter universal: es decir que se le daría lo mismo a un mendigo que a un millonario.

El experimento se iniciaría en 2017, tendría carácter temporal ya que en principio duraría sólo dos años y además se aplicaría sólo a un pequeño segmento de la población del país - alrededor del 10%- antes de decidir si se implanta como medida estructural.

La idea de la renta básica universal cobra cada vez más sentido con las últimas estadísticas que indican que en la supuestamente rica Europa uno de cada cuatro ciudadanos está en riesgo de pobreza o de exclusión social mientras aumenta como en todas partes la desigualdad.

La automatización creciente de muchos procesos productivos va a conducir al paro a un número cada vez mayor de trabajadores o profesionales, lo que dará aún mayor urgencia a la reivindicación de unos ingresos ciudadanos mínimos.

Para que sea eficaz, opinan sus defensores que ha de ser suficiente, universal y no sustituir a las prestaciones del Estado benefactor, sino en todo caso complementarlas. Si la renta es demasiado baja, corre el peligro de degenerar en un subsidio gubernamental a las empresas, opinan esos autores, para quienes la ventaja de la renta básica universal es que evita que se estigmatice a quienes la reciban porque serán todos los ciudadanos.

Por otro lado, no debe reemplazar en ningún caso al estado benefactor proporcionando a los individuos una determinada cantidad que éstos pueden luego gastar en los servicios sociales porque ello equivaldría a incrementar algo contra lo que hay que luchar: su comercialización.

La renta básica universal tendría, según sus partidarios, efectos muy positivos: contribuiría a reducir la pobreza, a una mejora de la salud pública con menores gastos sanitarios, haría que menos jóvenes abandonasen los estudios, reduciría también la pequeña delincuencia y serviría para eliminar burocracia.

Además, en un siglo en el que el trabajo será un bien cada vez más escaso, debido a la sustitución del hombre por las máquinas, dará a los trabajadores mayor poder de negociación con los empresarios ya que, al disponer de un dinero con el que al menos subsistir, no se verán obligados a aceptar cualquier trabajo con independencia del salario que se les ofrezca.

La renta básica universal podría ser un arma de la nueva izquierda porque transforma la relación entre el capital y el trabajo, dándole la vuelta de modo que el trabajador no temería como hasta ahora ser despedido si no acepta las condiciones que le propone la empresa.

Si hasta ahora han fracasado las propuestas en ese sentido es, entre otras cosas, por motivos tanto culturales -se considera que el trabajo ennoblece al individuo- sino también políticos o económicos.

Junto a los argumentos de tipo moral contrarios al establecimiento de una renta básica universal - estimularía en muchos la pereza o la holgazanería- , están sobre todo los económicos: ¿cómo financiarla?

Hay quienes consideran que podría hacerse con una mejora de la recaudación fiscal que consistiría en aumentar determinados tipos de impuestos, sobre todo a los más ricos, eliminando todas las oportunidades de evasión fiscal, reduciendo el cada vez más insoportable desigual reparto de la riqueza, limitando también el gasto militar y eliminando burocracia y duplicidades.

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