El ateneo de lillith

Ruth Galván

Reconocimiento de una andaluza

MUCHOS personajes andaluces han marcado mi vida, si bien he de destacar dos personalidades del pueblo andaluz que especialmente han determinado mi forma de ser y de ver la vida. Uno de ellos es de naturaleza objetiva, por muchas cuestiones, y una fundamental: no pude conocerla personalmente. Me refiero, como no, a Blas Infante, quien entre sus grandes aportaciones a nuestra tierra declaró en 1.919 en Córdoba que "Andalucía es una nacionalidad, una realidad nacional (...)"; como apostilló acertadamente "la Nación no existe en la naturaleza, los pueblos no son entes políticos, sino culturales". Sin posibilidad ni intención de ir a debate, Andalucía es una Nación, concepto sociológico que determina nuestra idiosincrasia. La segunda celebridad posee para mí un carácter mixto, por un lado, objetivo porque su aportación a la creación de la Nación Andaluza tal y como concebimos hoy Andalucía es incuestionable, uno de los padres del Estatuto de Autonomía Andaluz, ponente en el que se constituyó como primer Estatuto de Autonomía cuyo referéndum fue el 28 de febrero de 1.980; y por otro lado, está cargado de un fuerte carácter subjetivo, ya que tengo la suerte de conocerle personalmente, y el privilegio de poder considerarle amigo, lo que me permite aprovecharme de su sabiduría, su saber estar y su pasión por el Derecho y la Democracia. Hablo, sin duda, del Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, Dr. Javier Pérez Royo. Mi sangre es Andaluza, mi pasión es Andalucía y mis colores son los de la bandera de mi tierra que es tierra de campesinos, hombres de bien, de trabajos honrados y de grandes celebridades intelectuales como Blas Infante, Javier Pérez Royo, Federico García Lorca, Gustavo Adolfo Bécquer, Miguel Hernández, Góngora, Manuel de Falla, y así podríamos seguir. Nacer, vivir y respirar en Andalucía es un privilegio, la luz de Andalucía, su mar, sus costas, su gente, son un cadena de regalos que como Andaluza me enorgullece. Sigamos el ejemplo de tantas personas que han pasado y pasan por esta tierra nuestra, tierra acogedora y hermosa, donde todos y todas podemos convivir sin más límite que el respeto a los Derechos Humanos, como bien define Javier Pérez Royo. Especialmente, gracias a ti, Javier.

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