Rajoy es el hombre que sabe esperar, que sabe mandar, que sabe callar. Cualquiera diría que hablo del superior de un convento que sólo cree en la providencia divina, pero no. Rajoy es el hombre sin prisa. Rajoy sabe ceder el paso y mostrarse educado y tomar decisiones impopulares sin levantar polvareda. Rajoy es un líder a pesar de su partido, a pesar de su carácter, a pesar de los pesares, que son muchos.

Cuando todos le dan por muerto y piden su cabeza, él no se defiende, ni hace aspavientos, sencillamente se sienta a ver pasar el cadáver de su enemigo. Se ha llevado a muchos por delante desde la inacción. Hasta Aznar está calladito porque nadie sabe cómo defenderse de quien no agrede. Quien le insulte saldrá perdiendo, quien pida su cabeza perderá la suya. A los hechos me remito.

Tiene como principio escolástico que el mayor desprecio es no hacer aprecio. No, no es guapo. No, no es simpático. No, no tiene carisma. No, no es culto. No, no tiene el don de la palabra que conmueve ni conoce el populismo. Lo suyo es el perfil bajo, el traje oscuro y la corbata discreta, la apostura del hombre serio que si se queda en mangas de camisa resulta ridículo. La única concesión que ha hecho a sus asesores de imagen ha sido teñirse el pelo pero su barba, en un guiño al respetable, la ha dejado canosa como queriendo decir que no es capaz de mentir del todo.

Ya pueden los jóvenes líderes de los demás partidos remangarse sus blancas camisas, pasear a sus mujeres, sonreír a su militancia. Rajoy, hombre serio, se presentará con la modestia de saberse el mal menor, el único que, a las malas, genera confianza.

En su partido escapó de la guerra de Aznar, de los dineros de Bárcenas, de la ambición de Rato, de los collares de Barberá, de los trajes de Camps, de la malicia de Aguirre, de su propia pasividad. Rajoy parece el hombre íntegro entre la podredumbre de los suyos, por eso los escándalos no le hacen perder las elecciones. A Rajoy se le ve como el padre permisivo de una familia con más de una oveja negra que no sabe cómo enderezar.

Rajoy no es rancio, es esaborío, que es otra cosa. Rajoy exaspera pero no hay mejor opción. De momento, Rajoy se sabe indispensable en esta España con la derecha asustada y la izquierda dividida. Rajoy está en la antesala de un gobierno complicado que él sabrá barajar como nadie, desde la conformidad y la espera. Quien le discuta saldrá perdiendo, al tiempo.

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