Desde preferencia

José Joaquín León

Primer milagro o una tarde de locos

VAMOS a seguir positivos, no como los derrotistas: ayer vimos el primer milagro de la temporada. A las 17.50 horas, en el descanso del partido, el Cádiz ganaba por 1-0, y estaba en la clasificación provisional a un solo punto del Albacete. Después de un primer tiempo soleado, cayó un chaparrón. Apenas media hora después, a las 18.23 horas, el Cádiz perdía por 1-3 y estaba en la clasificación provisional a 7 puntos del Albacete, penúltimo y hundido. Volvió a salir el sol. Se fueron algunos gafes, el público decepcionado se entretenía gritando contra Antonio Muñoz y Julio Peguero, e insultando a Casilla cuando sacaba. Media hora después, a las 18.54 horas, el Cádiz había ganado por 4-3 y estaba a un solo punto del Albacete. Júbilo en las gradas. Parecía que el Cádiz ya estaba salvado, aunque es el tercero por la cola. Eso sí, a sólo dos puntos de la salvación.

Fue una tarde de locos. Y de tontos, todo hay que decirlo. Porque esa locura del marcador se forjó a base de tonterías de unos y de otros. Casi todo el mundo se olvidó de que los partidos duran 90 minutos. ¿Qué pasó para que esto sucediera? Después de un primer tiempo que terminó con ventaja amarilla, gracias al tempranero gol de Toedtli, se nos presentaron de golpe las verdades elementales del fútbol, las debilidades y argumentos reales de este Cádiz.

El partido estaba encarrilado con el 1-0, pero el Cádiz lo tiró en el arranque del segundo tiempo. Salieron acarajotados una vez más, olvidando que deben rendir al 150% para ganar. No tuvieron en cuenta que su lamentable defensa es la más goleada de Segunda A (ahora junto con la del Albacete), y en poco más de un cuarto de hora encajaron tres goles. En los tres volvió a cantar la defensa, y en alguno incluso el portero. Bastó que Antonio Hidalgo, el fichaje imposible de Baldasano, tirara de su juego en algunas acciones para que el centro del campo y la defensa del Cádiz quedaran en evidencia. Con el 1-3, el Cádiz tenía un pie y tres cuartos del otro en Segunda B.

Mientras parte del público se olvidaba del partido y se entretenía en corear gritos contra Muñoz, Peguero y los jugadores, ocurría una metamorfosis que iba a cambiar todo. Los jugadores amarillos, con Enrique a la cabeza, tiraron de orgullo; el Albacete se quedó con 10 por la expulsión de Tarantino; Víctor Espárrago acertó al quitar de la circulación a Erice, que tenía una tarjeta y además fallaba casi todos los pases, y más tarde a Toedtli y Ramis, que ya estaban entregados. Tristán y López Silva, junto a un Bogunovic que por fin debutó, salieron del banquillo y contribuyeron a encerrar al Albacete en 20 minutos finales de locura. Julián Rubio, el técnico que descendió al Cádiz hace dos años, no estaba por hacer otra vez de sepulturero amarillo, y ayudó cuando sustituyó a Hidalgo con 1-3 y echó a todo el Albacete atrás. Todo esto mezclado con un ambiente de locos-locos, y la entrega que antes no se veía en dosis tan desesperadas, propiciaron un milagro.

Tres goles de Tristán, Enrique y Dani Fragoso en 12 minutos dejaron con vida al Cádiz, a dos puntos de la salvación. Todavía hay Liga. Pero no olvidemos que un milagro es un milagro, y hay que seguir. Un poco de calma vendría bien.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios