Crónica personal

pilar / cernuda

Plebiscito

HA dicho el presidente, con tono rotundo, que no habrá plebiscito en Cataluña al igual que no hubo referéndum.

La semántica importa, pero los hechos también. Hace poco menos de un año se celebró en Cataluña una consulta ilegal sobre la independencia. Ilegal, pero Artur Mas la ha utilizado como si fuera un referéndum. Y lo hizo además tergiversando el análisis del resultado, sin tener en cuenta la abstención para incidir así en que los independentistas eran mayoría, cuando realidad apenas rebasaban el treinta por ciento del censo. Ahora puede ocurrir lo mismo: Mas no va a ser tan ingenuo como para poner la palabra plebiscito en el texto de convocatoria de las elecciones del 27 de septiembre, pero lleva meses advirtiendo que son elecciones plebiscitarias, lo seguirá diciendo, y si tiene una mayoría suficiente -ojalá no sea así- le faltará tiempo para llevar al Parlament la declaración de independencia. Por eso Rajoy ha pecado de cierta imprudencia al decir que no habrá elecciones plebiscitarias como no hubo referéndum. Cuidado. Las palabras, por muy concretas que sean, pueden ser interpretables.

No se ha mostrado el presidente especialmente eufórico en su comparecencia para hacer balance del año político. Sin embargo, es curioso contraponer la rueda de prensa de ayer con la del año anterior. Más distante aquella ocasión, menos cercano, menos pegado a la realidad. A la fuerza ahorcan, y en las últimas semanas, sobre todo a raíz el descalabro sufrido el 24 de mayo, Rajoy ha puesto toda la carne en el asador, todo su empeño, y además de lavar totalmente la cara al partido se ha puesto al frente de la manifestación.

Busca voto a voto, toma decisiones de gobierno absolutamente condicionadas por las elecciones próximas, y está dispuesto a echar el resto para conseguir revalidar una mayoría que le permite seguir en el Gobierno. Quienes le conocen aseguran que no se trata de afán de poder y tienen razón, Rajoy no es uno de esos políticos capaces de cualquier cosa con tal de mantenerse en las alturas; lo que le mueve a querer vencer como sea es que desconfía de cualquier otra opción posible tras las alianzas de Sánchez con Podemos.

Ha hecho cosas relevantes en los últimos tiempos, entre ellas reconducir algunas iniciativas que iban contra la línea de flotación de su programa de 2011. Pero también ha cometido errores. Como el nombramiento de Wert ayer.

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