La firma invitada

Diego Ruiz Mata / Catedrático De Prehistoria De La UCA

Patrimonio arqueológico y polígono industrial

SUELO leer Diario de Cádiz -edición El Puerto- para informarme de la marcha de esta ciudad. Pero lo que leí el pasado mes de octubre me dejó perplejo. La noticia hablaba de un nuevo polígono industrial junto a Las Salinas y en la página me encuentro una imagen que me resulta familiar, en la que veo señalada la delimitación del nuevo polígono industrial "Las Salinas Norte". Advierto que gran parte de esta zona discurre por delante del Conjunto Arqueológico del Castillo de Doña Blanca. Me habré equivocado, pensé. Pero no fue así. Leo el texto detenidamente, y en él se anuncia que Impulsa va a adquirir 1.503.988,25 metros cuadrados de suelo industrial para frenar la especulación de los suelos habilitados en Las Salinas y albergar allí otro sector industrial más competitivo. Para ello, la empresa municipal invertirá entre 42 y 50 millones de euros que permitirán la obtención de un beneficio de 30 millones de euros a las arcas municipales. Por supuesto, se van a crear muchos puestos de trabajo. Y mientras sigo leyendo, aturdido, me viene a la cabeza el momento crítico económico en el que estamos sumergidos, en las dificultades de las empresas y en los cuatro parados por minuto.

Creo que ya hay un primer polígono industrial en funcionamiento, un segundo del que sólo se ven unas calles de asfalto, unas farolas erguidas y alumbradas de noche y nada construído.Y ahora, el tercero, del que sólo están los terrenos. ¡Qué panorama! ¿Hace falta el tercero?

Y me acuerdo del Conjunto Arqueológico del Castillo de Doña Blanca, de casi 300 hectáreas, de la ciudad fenicia y del puerto, de la necrópolis, de la zona industrial de época púnica de la Sierra de San Cristóbal, del Mirador de la Bahía, de las llamadas "cuevas canteras", espacios de extraordinaria belleza, desaprovechadas, que se desmoronan poco a poco, del proyecto de Parque Cultural, de su importancia en el turismo cultural. Desde aquí, y desde el Mirador de la Bahía, en el punto más alto de la Sierra de San Cristóbal, se divisa la Bahía de Cádiz, la extensa marisma que se ha ido modelando durante siglos y, al fondo, la isla de Cádiz. ¿Imaginan, lectores, lo que es situar delante de este conjunto arqueológico un polígono industrial, impidiendo la visión diáfana que ahora posee? Tenemos dos casos flagrantes en Andalucía: uno es el de la ciudad califal de Medina Azahara en Córdoba, y otro más cercano el de la ciudad romana de Carteya, rodeado de industrias pestilentes y de edificios horribles en una de las bahías más hermosas de la costa española. ¿Queremos esto? Estoy seguro que la mayoría de la ciudadanía votaría en contra.

Llevo aquí viviendo desde 1990, y antes por temporadas, para investigar en el Castillo de Doña Blanca desde 1979, y percibí la importancia científica del yacimiento y su proyección como parque arqueológico. Quedé fascinado. Hoy es un referente mundial en esta época histórica. Y delante le colocamos el más horrendo escenario que uno pueda imaginar. ¡Qué sensibilidad hacia las raíces históricas de una ciudad!

El Puerto de Santa María, ciudad de los cien palacios, de los que apenas quedan los que se pueden contar con los dedos de una mano, la ciudad de Menesteo, la primera urbe fundada en Occidente, la de la industria pesquera más antigua conocida, se muere poco a poco para convertirse en una ciudad sin historia.

Además de las investigaciones, en 1984 trabajé en un proyecto para la realización de un Parque Cultural, con fines científicos, de difusión, económicos y de empleo. Es decir, una "industria cultural, que aún no se ha llevado a cabo. Pero alguna razón debía tener cuando leo en digital24horas.com (6 de noviembre) que el consejero de Empleo está estudiando con el Ministerio de Trabajo, dados los momentos de crisis, "poner en valor los yacimientos arqueológicos andaluces y convertirlos así en referentes culturales y turísticos". Me alegró la noticia, coincidente con la idea que tengo de patrimonio y economía.

El Puerto de Santa María posee una estructura económica básicamente turística, pero sólo de verano. Y si decae, lo que es posible, los problemas serán aún más acuciantes para la ciudad. Es hora de determinar las ofertas turísticas y que el turismo se prolongue durante la mayor parte del año. El turismo de sol y playa no es suficiente, y debe competir para sobrevivir. El porvenir está marcado por la competencia turística despiadada.

He titulado este artículo "Patrimonio arqueológico y polígono industrial". En un futuro próximo, el más rentable será el arqueológico porque su valor reside en que es irrepetible, mientras que polígonos industriales pueden hacerse los que se quieran y donde se quieran. ¿Por qué colocar una pantalla horrorosa ante un yacimiento arqueológico, que también es una industria, de mayor calado, rentabilidad y perdurabilidad? No lo entiendo. Sería una barbaridad. Desde aquí apelo a la razón y a la realidad.

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