Punto de vista

josé Ramón / del Río

Monárquicos

Afines de los años 50, durante los años 60 y hasta que en 1976 las Cortes, todavía "franquistas", proclamaran Rey a don Juan Carlos, pocos españoles se consideraban monárquicos. Sólo algunos que habían vivido el reinado de Alfonso XIII y su marcha de España en 1931 y otros que lo eran por tradición familiar. Pero ya en 1947 se había dictado una ley de sucesión a la Jefatura del Estado que declaraba a España constituida en reino, y en 1969 otra, por la que el sucesor en esa jefatura, sería don Juan Carlos, "a título de Rey". Como esto suponía una salida de la dictadura, aunque se adoptara sin democracia, muchos jóvenes de entonces nos considerábamos monárquicos, en un ejercicio de posibilismo. Ciertamente que se alteraba el orden regular de la sucesión, clave en la institución monárquica, porque don Juan de Borbón, por la renuncia de su hermano mayor, don Jaime, era al que le correspondía suceder a Alfonso XIII.

A don Juan no se le permitió vivir en España, y hasta la proclamación de "don Juanito", como entonces se llamaba al todavía rey, muchos españoles le visitaban en Estoril y le llevaban noticas de España. Contaba con un consejo privado, del que fue presidente José María Pemán. Desde 1961, en que me destinaron a Cádiz, celebrábamos en su biblioteca de la Plaza de San Antonio o en la viña Cerro Nuevo frecuentes encuentros con Pemán. Este tuvo reuniones decisivas con el padre del todavía Rey para convencerle que la única monarquía posible era la de su hijo, don Juan Carlos, aunque se tratara de una instauración y no de una restauración. Sabido es que don Juan de Borbón renunciaría sus derechos en favor de su hijo en 1977.

Todo esto lo cuento para explicar que para muchos de mi generación ser monárquicos no era una nostalgia, ni un empeño para tener gustos parecidos a la nobleza. La monarquía era el tránsito a la democracia y la homologación con Europa, que añorábamos los jóvenes de entonces. Esto lo comprendieron y lo siguen comprendiendo los actuales dirigentes del PSOE y en especial su todavía secretario general. Pero parece que no entra en la cabeza de algunos comunistas, como los que rigen hoy a IU, que contraponen democracia y monarquía, cuando la quintaesencia de la democracia está en la Constitución, que pretenden ignorar, y también algunos nacionalistas, capitalistas por cierto, que se quieren aprovechar del río revuelto, cuando por sus ansias separatistas no tendrían que opinar sobre la forma de un Estado al que no quieren pertenecer.

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