RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez Azaústre

Ministerio femenino

EL Día de la Mujer Trabajadora quizá sea otro día más, igual que hay tantos días de otros tantos ramos y colores, éticas y estéticas. Últimamente se habla bastante del aborto, un poco del Ministerio de Igualdad y algo menos de la mujer, sea trabajadora o no. Estos días se habla mucho para no decir nada, y así continuamos, porque cualquier asunto puede ser materia política y la política ahora sólo se concibe no tanto en el discurso como en el vacío argumentativo: todo es proyección electoral, todo es una encuesta sobre el voto probable. Puede ser, como se ha dicho desde algunos sectores del Partido Popular, que el Ministerio de Igualdad sea un exceso presupuestario, y seguramente los logros obtenidos no ofrezcan un saldo positivo. Pero sólo quizá, y a pesar de la crisis, sea hora de que la política no gire obligatoriamente sobre un vértice estadístico, y haya llegado el momento, sobre todo en lo relativo a la mujer y a la igualdad de derechos entre géneros, de apostar por una política a salvo de los resultados.

Reconozco que cuando se conoció la noticia de la creación de un Ministerio de Igualdad, me sonó, una vez más, al maquillaje femenil de Zapatero, que tiene unas cuantas verdades simbólicas para legitimar cualquier gestión: memoria histórica, antibelicismo, diálogo, fortalecimiento democrático y, por supuesto, los derechos de la mujer. Son algo así como palabras mágicas que, en boca de este Gobierno, adquieren el valor de coartada progresista, de estrategia moral llevada a cabo un poco de cara a la galería, y no siempre con la profundidad y, especialmente, el acierto precisos.

Sin embargo, en el caso del Ministerio de Igualdad, por desgracia, creo que sigue siendo necesario, y también que además lo ha sido siempre. Quizá en algún momento pudo parecer una improvisación publicitaria: pero ahora ya debiera convertirse en un ministerio fijo, al igual que Cultura, Interior o Justicia. Tiene que haber un Ministerio de Igualdad mientras sigan muriendo mujeres en España por terrorismo doméstico, mientras siga existiendo la discriminación laboral por embarazos, mientras el sexismo siga siendo una referencia habituada en la conversación. Es cierto que el mundo es hoy de las mujeres, pero sólo una parte: la más privilegiada, y aun así no del todo. Al final, el Ministerio de Igualdad es necesario como divulgación: mientras el mensaje final no esté cuajado, habrá que seguir machacando la conciencia del personal, porque las noticias aún siguen siendo sangrientas, y además cierta inmigración, parte del ahora y de nosotros, no trae consigo una equiparación entre los sexos. Lo hemos visto también con el aborto, por fin verdaderamente legislado, con una ley anterior porosa de inseguridad jurídica, y que en ocho años de Gobierno del PP nadie cuestionó. Se ha ganado mucho en igualdad, pero aún nos queda todo por ganar.

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