UNO de los grandes logros de esta sociedad cada vez más dominada por la tecnología será conseguir que la memoria humana acabe formando parte de un museo. Porque estos aparatos que nos venden para hacer más sencilla nuestra vida, y que evolucionan de manera tan vertiginosa, están dibujando un futuro en el que la memoria no será fundamental. Ahí están los móviles, con sus listados de cientos de teléfonos que antes se memorizaban o, a lo sumo, se apuntaban en arcaicos listines telefónicos, y que ahora se fían a la nunca segura electrónica. O las contraseñas de internet, que nuestros ordenadores se ofrecen solícitos a guardarlas para que nos tiremos de los pelos cuando el sistema falle y el formateo sea la única opción. Y si no, la nube, esa entelequia digital a la que subir fotos y demás recuerdos personales. En breve, no hará falta acordarse de nada porque el chip que nos implanten hará las veces de memoria.

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