El Alambique

E. M. / Cañas

Mal sueño

EN junio de 2007, el equipo de fútbol de la ciudad vivía un sueño. Jugaba la eliminatoria para ascender a la división de plata, todo un hito deportivo únicamente vivido 40 años atrás; meses antes, todo un primera división, en el que militaba un portuense, visitaba el estadio José del Cuvillo. Corrían tiempos de alegría rojiblanca, de dispendios y de ínfulas de querer ser grande. Pero los sueños no dejan de ser eso, sueños, y el despertar era inevitable, aunque no se presagiara que fuera tan duro. A día de hoy, el Racing es un solar sin directiva ni equipo que ha sido dejado a su suerte, ahogado por las deudas, y con los pocos y sufridos aficionados más fieles que, resignados e impotentes, han decidido emigrar a otra entidad para que el espíritu rojiblanco se mantenga, aunque sea, bajo otro nombre.

El aficionado está obligado a reflexionar sobre lo ocurrido porque son muchos los factores. Para empezar, el Racing es una víctima más de las nefastas consecuencias de un mal endémico que sufre el fútbol en este país que, de forma autodestructiva, tiende hacia una profesionalización en categorías donde es inviable económicamente. En segundo lugar, el empresario local nunca terminó de dar un paso al frente para respaldar a este club; quienes lo dieron en los años gloriosos fueron más por intereses inconfesables que por otra cosa. El altruismo deportivo no se ha visto por el Cuvillo .

Tampoco el aficionado portuense se ha volcado con este club en los momentos que el barco empezó a zozobrar. La masa social es la mejor garantía para un club; el ejemplo más cercano está en Cádiz donde, tras años de abandono y desidia, surgió el fenómeno de la fiebre amarilla (que tienen muchos portuenses, por cierto) que está salvando al club, por ahora, de un final desastroso.

En este caso, al Ayuntamiento hay poco que objetarle. El llamado apoyo institucional ha estado más que cubierto con ceder el estadio sin contraprestación alguna y con financiar el club de tapadillo a través de publicidad. El dinero público debe ir a fomentar el deporte base y escolar, no a categorías que aspiran a la profesionalidad.

El Recreativo pretende cubrir ese vacío que deja el Racing. Esperemos que no se contagie del sueño que trajo la ruina.

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