la cornucopia

Gonzalo Figueroa

Loa a los viejos normales

HACE un par de años, nuestro querido Manolo Fossati publicó en "La Azotea" del Diario de Cádiz una acertada reflexión sobre las edades. Decía que "lo malo de hacerse viejo es que uno siente constantemente la tentación de dar lecciones a los jóvenes, de invocar irreflexivamente el "igualito que en mis tiempos…" hasta hacerse pesado, pesadísimo". Y se preguntaba: "¿Será eso lo que me hace estremecer ante estudios como el presentado… sobre los estudiantes de ESO? Más de un tercio de los encuestados ve "normal" el uso de la violencia. ¿Habrá sido siempre así, y ahora que llegamos a viejos nos llamamos a escándalo?". Y luego Manolo repasa el caso de la "infortunada Marta", anotando la absurda presencia de niñas hablando de asesinatos en televisión… concluyendo, con gracia no exenta de tristeza, "que quizá sea hora de jubilarse, por viejo".

Viene a cuento hablar de edades, porque, en mi caso, como en el de muchos contemporáneos, la vejez, si bien abruma a veces, no debe jamás ser motivo de abandono llorón. Yo, al menos, intento enfrentarla con redoblada vitalidad física, así como con abierta naturalidad intelectual. Por eso, celebro los artículos del octogenario Juan Goytisolo que El País publica periódicamente y que no tienen desperdicio. En una entrevista de enero de 2011, ante preguntas de Rosa Mora, manifiesta que "cuando llega la vejez no necesitas competir con nadie. La vejez es una época envidiable. Con la edad tomas distancia, estoy y no estoy". Y agrega dos afirmaciones que comparto, al igual que la anterior: Preguntado si a sus 80 se arrepiente de algo, contesta: "He hecho algunas rectificaciones. Me puedo arrepentir del artículo… que escribí con el entusiasmo de 1961 sobre la revolución cubana. Me desengañé…" Y añade que nunca se afilió al Partido Comunista, como mucha gente de su edad entonces. "Cuando visité la URSS conté lo que veía. Nos decían una cosa y veíamos otra. Hay un abismo entre la realidad y la realidad ideologizada". Y en el mismo periódico, en su muy reciente "Molesto, luego existo", hace dos declaraciones destacadas con las que, también, coincido: "No soy un bien nacional y estoy en contra de todos los nacionalismos", aseverando que a su edad, "la única arma defensiva de que dispongo es el humor, cuanto más corrosivo, mejor".

Ante el riesgo de críticas, cierro esta columna con las palabras del norteamericano Anthony Powell: "Hacerse viejo es como estar crecientemente penalizado por un crimen que no has cometido".

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