Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
El caso de la mujer de Maracena acusada de secuestrar a sus hijos. ¿Qué hay aquí? Hay un maltratador claro: la Administración de Justicia, lenta e indolente, que no resuelve en años lo que se puede aclarar en días ni deriva a Italia una denuncia por violencia de género porque nadie realiza la traducción del documento. Hay otro culpable: el marido, condenado por lesiones. Hay una víctima, la mujer que volvió a besar la mano que le pegaba, que vio como el hombre de sus sueños se convertía en su peor pesadilla y huyó con los chiquillos del infierno. Hay una desinformación brutal y una legión de internautas que sentencia a ciegas. Hay una sospecha, el hombre que golpea a una mujer difícilmente lo haría con Mike Tyson, lo hace porque puede, porque cuenta con el imperio de la fuerza física, y es más propenso que cualquier otro a abusar de un pequeño. Hay una duda políticamente incorrecta: ¿la pena por el delito de lesiones implica que ese padre no vuelva a ver a sus hijos? Y hay dos conclusiones meridianas. Una: los niños, víctimas sin voz, han de permanecer con su madre hasta que se aclare el caso y se decidan las condiciones de la custodia. Y dos: Juana jamás debería ser condenada por un acto de desesperación. La ley dirá lo que quiera, pero eso es lo que dicta la justicia.
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