Tráfico Las cámaras que multarán en Cádiz por entrar en el centro de la ciudad sin cumplir los requisitos

La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Hoy más débil que ayer, pero...

Aportación española a la democracia occidental: parte del Gobierno vota contra una ley aprobada por el Gobierno

Esta semana hemos hecho otra aportación innovadora a la política democrática europea: el Gobierno votando contra el Gobierno. Ministros –de Sumar– rechazando en el Congreso la proposición de ley contra el proxenetismo aprobada por el Consejo de Ministros. Por vez primera en casi seis años.

Pudo ser peor. Al día siguiente de la insólita derrota parlamentaria, la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, retiró, una hora antes del plazo reglamentario, el proyecto de ley del suelo, al constatarse que también habrían votado en contra no sólo sus socios de gobierno, sino también sus volubles aliados. Eso sí, Rodríguez endosó la máxima culpa al PP, que no acudió presto a sacarla del apuro pese a que está de acuerdo con el fondo de esta reforma.

Los dos episodios redondean un balance legislativo penoso de lo que va de esta legislatura que vuela como un cohete hacia el desastre. El Gobierno que encabeza Pedro Sánchez no pudo aprobar los presupuestos del Estado para 2024, vio rechazada la primera ley de amnistía porque no satisfacía del todo al prófugo Puigdemont y tampoco contó con mayoría para su reforma del subsidio de desempleo. Si se tienen en cuenta otras iniciativas, el PSOE ha perdido siete votaciones en el pleno del Congreso y más de cincuenta en las comisiones. Este mismo jueves PSOE y Sumar se dividieron en cinco votaciones sobre la política internacional.

La fragilidad de la escuálida mayoría parlamentaria que facilitó la investidura de Pedro Sánchez está objetivamente inscrita en sus orígenes. Tiene que ver con la extrema necesidad del presidente y su consiguiente predisposición a hacer concesiones sin contrapartidas, la heterogeneidad ideológica y política de sus integrantes –algunos no tienen de progresistas ni la pose– y la propia división entre ellos. Esto lo advertimos unos cuantos desde el minuto cero, no necesariamente militantes en la fachosfera. Recuerdo a Urkullu, uno de los aliados más leales de Sánchez, avisando de lo díficil que es contar con el apoyo de los diferentes grupos, de todos a la vez y durante todo el tiempo. Más bien, imposible, como estamos comprobando día a día.

Incluso lo mejor y más lógico que pueda pasar en Cataluña, la investidura de Salvador Illa, producirá la abierta hostilidad hacia el Gobierno de uno o de los dos grupos independentistas que lo sostienen a regañadientes (Junts y ERC). Más incertidumbre sobre la duración de la investidura.

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