Su propio afán

Historia futura

Al poder le interesa que no se estudie filosofía, sobre todo, pero a los poderosos que no se estudie Historia

La bandera del revés y el bandazo del Sáhara. El bochorno que a muchos nos produce Sánchez conoce un consuelo. Imaginar cómo lo va a describir la Historia, cuando se estudie en serio en los libros de texto su ejecutoria económica, sus contribuciones al Estado de Derecho, su labor para dinamitar la concordia de los españoles y su turbia relación con la verdad. Este sentimiento puede parecer un poco revanchista, pero no olvidemos que fue uno de los motores de la Divina Comedia, uno de los grandes monumentos literarios de nuestra civilización. En nuestra joya poética medieval, que son las Coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique también se delecta en guardar memoria de los políticos nefandos de su tiempo.

Así se puede comprender mejor el interés tan vivo que tiene este Gobierno en que no se estudie Historia. Mitad para que no los comparemos con otras figuras del pasado; pero mitad para ahorrarse el bochorno post mortem. La Historia es un arma cargada de futuro.

Pensemos en el descomunal escaqueo de la responsabilidad que se traen entre manos. ¿Ante quién respondía un hombre público en un mundo bien ordenado? Ante el pueblo, claro, ante la justicia, ante Dios y ante la historia. El juicio del pueblo puede nublarse con demagogia y también con el partidismo enfervorecido, que impide criticar a los tuyos, porque parece que das ventajas a los otros. La justicia, entre nombramientos del CGPJ, del Tribunal Constitucional y de la Fiscal General del Estado, queda amordazada. En Dios no creen. En Éfeso, los torturadores pusieron en la cámara de sus fechorías un cartelito que rezaba: "Aquí Dios no está" para poder excederse a gusto. Baudelaire cuando veía a poderosos que no creían ni en Dios ni en el infierno, decía: "Claro, están personalmente interesados". Un problema o dos menos.

Aún quedaba la Historia. Pero un pueblo sin memoria pierde la perspectiva de su permanencia y resulta incapaz de sentir la pasión viva de los hechos y de juzgar a los políticos del pasado. Eso -como diría Baudelaire- les interesa muchísimo. Por supuesto, también políticamente, pero no olvidemos esa dimensión personal de la cuestión. Ahora mismo Pedro Sánchez imagina que su foto con la bandera de España detrás y bocabajo la vamos a olvidar en cuatro días. Temblaría si pensase que sería la ilustración que representaría a su Gobierno en los libros de texto; y quién sabe si a toda esta época, ay.

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