Hispanibundia

Sólo la hispanibundia puede hacernos entender las encuestas

Acaba de publicar Mauricio Wiesenthal "La hispanibundia" que el mismo define como la vehementia cordis (vehemencia del corazón) que, según Plinio, distinguía a los hispanos. La hispanibundia es la energía vibrante que produce el español al vivir, ya se crea español o no, lo acepte o no, se encuentre en el exilio forzado o pretenda ser extranjero en su patria y extraño a los suyos. Pretende explicarnos, y lo consigue, por qué somos tan apasionados en todo.

Para aclarar el concepto, Wiesenthal nos pone ejemplos como la reacción de los teólogos de la contrarreforma frente a las tesis de Lutero, el afán de los conquistadores del nuevo mundo, nuestra armada invencible o las mejores páginas de nuestra literatura. Con hispanibundia, añado yo, gana Nadal cada final en París porque Rafa es el último rastro de nuestro carácter épico y moral en estos tiempos convulsos. Por eso emociona su grandeza histórica.

Wiesenthal, discípulo de Zweig, que tan bien conoce Europa y su decadencia, ahonda en su nuevo libro en nuestro espíritu nacional (perdonen el concepto). Nos relata con erudición, elegancia y alma la razón de lo que somos. Nos explica lo que llevamos dentro, que diría una folklórica. Lo que sentimos todos los españoles incluidos aquellos que ahora quieren ser extranjeros. Los españoles somos más de acción, de grandes gestos y gestas, que de pensamiento. Para lo bueno y para lo malo no sabemos pararnos a pensar, ni admiramos demasiado el pensamiento.

Sólo la hispanibundia puede hacernos entender las encuestas, comprender que un gobierno recién estrenado y con todo por hacer dé un vuelco en las intenciones de voto y coloque al PSOE como primera fuerza política cuando sabemos que cuenta con muy pocos diputados y con todo el mundo en contra. Sánchez, cuya habilidad a estas alturas nadie discute, ha mirado para atrás y ha escorado hacia el centro su barco sabedor de que, en ese caladero donde se las prometía felices Ciudadanos, se encuentra la clave de la victoria. Le ha metido la mano en el bolsillo a su propio partido.

A Rajoy le ha faltado hispanibundia. La templanza, que es una de las mayores y mejores virtudes, no se sabe valorar en España. Él ha tenido la elegancia de marcharse sin ruido, de hacer nuevamente oídos sordos a las deslealtades de Aznar. Ojalá permitan una verdadera renovación Arenas, Arriola, Villalobos y toda la gente que ha remado en contra en estos tiempos de crisis.

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