Gran afluencia turística

En los países libres, el mercado se regula solo. En Cádiz hay que poner los límites imprescindibles

En el mes de agosto, todo Cádiz y todos los municipios costeros de la provincia, en general, son zonas de gran afluencia turística. En la capital se montó una polémica que parece bastante obtusa y cateta. Un enfrentamiento entre el Ayuntamiento y la Junta por la delimitación. El principal argumento municipal, según expuso el primer teniente de alcalde, Demetrio Quirós, de Adelante, es que la Junta beneficia a las grandes superficies, porque ahora pueden abrir los domingos. Decir esto en agosto es llamativo. Pues en el comercio se trata de ajustar la oferta a la demanda, en beneficio de los consumidores. Y que abran o cierren las superficies según les interese, tanto grandes, como medianas, pequeñas o unipersonales.

La Junta considera que todo el término municipal de Cádiz debe ser Zona de Gran Afluencia Turística, porque hay Bienes de Interés Cultural en todo el municipio. Aunque el Ayuntamiento recordó que los espacios subacuáticos no se pueden visitar. Por ello, quieren que la declaración se limite a las zonas visitadas por los cruceristas en el centro histórico, a las playas, y sólo en los cinco meses de abril, mayo, septiembre, octubre y noviembre, además del Carnaval. Es decir que el resto del año no debería haber Zona de Gran Afluencia Turística, ni se debe permitir que las superficies abran en domingo durante el periodo estival.

Lo que conviene fomentar es la libertad comercial, como ocurre en Madrid y en las grandes ciudades de Europa. Esa es la verdadera ventaja para el consumidor. Y también para el comerciante, si lo analiza con rigor y sin tópicos, ya que así podría planificar y racionalizar mejor sus ventas. Frente a esa evidencia, está la teoría de que beneficia a los grandes y perjudica a los pequeños.

No es exactamente así, porque abrir un gran centro comercial (en Cádiz capital sólo hay uno, que es El Corte Inglés) tiene un coste muy alto (básicamente, en empleo de personal, por cierto), y sólo compensa con un nivel amplio de ventas. Excepto que un empresario sea tonto, no lo va a tener casi vacío y con varios empleados cobrando. Al comercio local le afecta poco. La tarde del pasado domingo estaba todo cerrado en el Centro Abierto, excepto Sfera en el Palillero.

En los países libres, el mercado se regula solo. Hay que poner los límites imprescindibles. La Junta y los ayuntamientos han disuadido a muchos negocios, con trabas, con prohibiciones, y con medidas contrarias a la inversión y el consumo. En ciudades como Madrid, donde existe más libertad comercial, también hay más empleo.

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