En tránsito

Gordofobia

En realidad, el odio a los gordos y a todo lo que representan es una actitud cien por cien elitista y progre. Están mal vistos en las playas de Formentera

Quien se haya dado una vuelta por los paraísos de la clase media baja -y bajísima-, es decir, Chipiona, Isla Cristina, Matalascañas, la playa de la Carihuela, etc, etc, sabe que los gordos (varones o hembras) no suscitan ninguna clase de rechazo, sino que son allí los reyes de la creación. Es como si esas playas fueran el hábitat natural de los gordos de toda condición, de la misma manera que los pingüinos pertenecen a la Antártida y las jirafas a la sabana africana. Y nos referimos aquí al gordo orgulloso de serlo, es decir, al gordo ontológicamente gordo, o dicho de una forma más pedestre, al gordo con todos sus avíos, a saber, gorrita de una ya extinta caja rural, cogote de melón sapo, cadena dorada de doble vuelta, camiseta imperio de color fucsia, hombros hirsutos, tripa de ballena y riñonera con el escudo del equipo de fútbol de toda la vida de Dios. Y por supuesto, no podemos olvidarnos de las gordas que lucen con descaro sus lorzas trabajosamente conseguidas a base de doritos, mayonesas, macarrones, flamenquines, coca-colas light y programación de sobremesa de Tele 5. Cualquiera que haya visitado esas playas sabrá con qué ritmo carioca mueven el trasero las gordas que llevan la neverita al toldo que comparten con perros, sobrinos, hijos, hijastros, cuñados, ex cuñados, suegros, suegras y el tío soltero que se ha venido a pasar unos días al apartamento y ya lleva tres semanas durmiendo en el sofá del saloncito bajo la puesta de sol comprada en Ikea. Si un alienígena quisiera descubrir en qué consiste el misterio de la felicidad humana, le bastaría observar a un grupo de gordos en una playa del sur. Jules Renard decía que la felicidad era un gato tumbado al sol. Yo me permitiría matizar esa frase. La felicidad es un gordo tomando el sol con una cervecita helada en la mano.

En realidad, el odio a los gordos y a todo lo que representan es una actitud cien por cien progre. Los gordos están mal vistos en las playas de Formentera o en las calas de Menorca, donde un gordo parece un leproso medieval al que los esbeltos bañistas -guapos, veganos, ecologistas y anticapitalistas- querrían arrojar a pedradas y prohibir por completo el paso. Se mire como se mire, la gordofobia es una actitud cien por cien elitista y progre porque las clases populares miman a los gordos y quieren a los gordos y respetan a los gordos. Dicho queda.

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