La esquina

josé / aguilar

Furia fanática contra la risa

NO hay nada más peligroso que un grupo de hombres pequeños armados de una idea grande. Como los tres bárbaros que ayer ensangrentaron París despejando trágicamente la incógnita que desde hace meses planeaba sobre Europa: ¿dónde y contra quién se producirá el próximo atentado del integrismo islámico?

Fue en la capital de Francia, tierra de acogida de cientos de miles de musulmanes pacíficos, y contra el semanario satírico Charlie Hebdo, cuyo pecado mortal fue haber reproducido las caricaturas de una revista danesa en 2006. En 2012 ya les avisaron con cócteles molotov. Ayer entraron a tiros en el semanario. Asesinaron al director, a varios periodistas más y a dos policías (a uno lo remataron en el suelo antes de huir). Doce muertos. Alá es el más grande, dijeron. Es el grito de guerra de los mayores enemigos de la libertad en el mundo actual. Hemos vengado al profeta Mahoma, añadieron, precisando el pretexto de su acción criminal.

Podían haber sido otros los destinatarios de la furia fanática. Cualquier infiel puede serlo (y hasta los fieles tibios: la mayoría de las víctimas del yihadismo son de religión musulmana). Lo más probable es que lo sean más pronto que tarde, en cuanto se les presente la oportunidad a la que dedican sus vidas. Es fácil matar, incluso en sociedades que se creen protegidas y civilizadas: basta con ser un canalla y tener el cerebro lleno de odio. Hombres pequeños. Monstruosos en su pequeñez vacía y desalmada, atiborrada de frustración y resentimiento irracional.

Aun así, la especificidad de este ataque brutal es que se ha dirigido contra occidentales ejercientes de la libertad de expresión. Y ejercientes en su modalidad satírica. Venden un humor inteligente e irreverente. Lo que menos soportan sus agresores. En El nombre de la rosa, Umberto Eco hace proclamar a alguno de sus monjes iluminados que "la risa es un viento diabólico, que deforma las facciones de la cara y hace que los hombres parezcan monos. Los monos no ríen. La risa es propia del hombre. Como el pecado", y algo más terrible: "La risa mata el miedo y sin el miedo no hay lugar para Dios".

Pero también Guillermo recomienda a su discípulo: "Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia". Parece que hablaba de París ayer.

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