tribuna libre

José Mª Vinardell Crespo /

Festival Internacional de Folklore

Decía Heráclito que el tiempo es un niño que juega y tira los dados. Yo creo que algunos hombres cuando fueron niños perdieron los dados y el tiempo se les quedó quieto como el sol bíblico que detuvo en los cielos Josué.

Hay quienes se programaron armoniosamente conciliando aficiones y profesiones; éstos viven auténticamente su vida. A otros en cambio, la vida los vive sorpresivamente sin saber apenas nada del tiempo, pues la fugacidad del mismo es tal que hizo exclamar a Heideger aquel célebre binomio "el ahora ya es antes"

Efectivamente el tiempo discurre fuera de nosotros con una monótona isorritmia como constatada por un notario kantiano. Pero en el fluir de nuestra conciencia ya sea por la nostalgia del pasado ya por la ilusión de la espera se contrae o distiende como en un juego de espejos. Por eso, Bergson distinguía el tiempo real o mecánico y el tiempo psicológico.

Antonio Fernández Repeto y Manuel Granado son de esos hombres que saben conjugar gozosamente sus aficiones y profesión (otium y nec.otium), como un verdadero señor del Renacimiento que atiende sus intereses domésticos y encuentra solaz para las artes y otros quehaceres. Debido a su entusiasmo Cádiz ha asistido años tras años a este festival, una muestra antropológica inmejorable de la cultura popular. No se pueden valorar a la ligera o sólo festivamente las danzas y músicas de otras gentes. Todo gesto, atuendo o máscara es una liturgia de experiencias vividas por una etnia: El orgullo por la victoria, la aventurada asunción del destino, el ritual evocador por la conquista del fuego, la transgresión del tabú, la aceptación de la muerte…, conforman el Volkgeist( el espíritu del pueblo) como expresaba Th. Adorno.

Desde la noche de los tiempos el hombre, ignorante del misterio y urgido por el asombro y el miedo, solemnizaba a su manera sus inquietudes y ansiedades respecto a la siembra, las cosechas, el furor del cielo, propiciando la lluvia o concitando a los malos espíritus. De ahí el carácter sacro de estas músicas y danzas ancestrales y el ritual iniciático de colores, indumentarias e instrumentos. Los colores, "ese esfuerzo de la naturaleza por convertirse en luz" -que decía G. D´Annunzio- nacen en el magma de la tierra y en un ceremonial sonoro pasan a ser los intérpretes de los amores y desamores de los hombres con una simbología que transciende lo meramente real y requiere una hermeneusis esotérica.

Lo mismo que cualquier hueso animal o un simple abalorio por el milagro de los siglos pueden categorizarse como un exponente privilegiado de una cultura desaparecida, así también las danzas sagradas, las leyendas de antaño, las creencias totémicas y los cantares transmitidos por los ancianos de la aldea constituyen el emblema étnico de unas generaciones. Por ello, el arte popular es un ritual mágico y "una operación espiritual tan necesaria y digna como la actitud religiosa", según Ortega y Gasset. Es el balance dialéctico entre las diferentes normativas de valorar el pasado, desde el torpor rudo y balbuciente de los primeros colectivos tribales hasta la escenificación histriónica de los actuales carnavales.

Y esa espontaneidad del pueblo ha fecundado otras formas culturales más académicas. Así, la geometría de la suite del Barroco se enriqueció con ritmos y melodías de extracción vulgar. Rondeau, Giga, Gavotta, Sarabande, Folía... son danzas y aires del pueblo tamizados por el filtro de músicos como Bach, Haendel, Corelli, Couperin…También durante el Romanticismo autores como Dvorak, Grieg, Chopin, Tchaikowski y nuestro Falla luego recuperan melodías y temas nacionales. Y Stravinski y Milhaud harán incursiones en el jazz.

Acostumbramos a hacer un panegírico de aquellos que admiramos cuando ya no están entre nosotros, como si la muerte fuera un tránsito hacia la dignidad. Creo que es de justicia mostrar nuestro reconocimiento a Repeto y Granado aquí y ahora y animarles a que no cejen en su empeño. Pues parece que algún chamán de un grupo del pasado año no acertó a conjurar los malos espíritus y estos levitan evanescentes ahora entre nosotros sembrando el maleficio y evitando el festival de este año.

Han logrado descubrirlos por su actitud nemética y los llaman Crisis. Pero también creo recordar cómo otro grupo danzaba en torno a un pájaro totémico, el ave Fénix para propiciar el renacer de sus cenizas.

Y ahora veo cómo un río de lava festiva y exultante anegará otra vez nuestra ciudad serpeando por calles y plazas de Cádiz en una sinestesia continua de ritmos encendidos y colores embrujados.

¿Otra vez un sueño?, o tal vez ¿Un presagio?

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