La firma invitada

Rafael / Serrano Molina

Los Derechos Humanos

El reconocimiento y el respeto de unos derechos humanos universales ha sido una profunda y larga aspiración de todas las personas que a lo largo de la Historia a menudo han aflorado en algunos textos, como en el Cilindro de Ciro (539 a. C.) o el Código de Hamurabi (s.XVIII a.C.), y en otros muchos textos filosóficos y jurídicos, principalmente en la época de la Ilustración. Recuérdese, por ejemplo, cómo el viejo Kant establecía como norma moral el respeto a la ley, pero no una ley "designada para ciertas acciones", que sería una ley positiva, sino una "legislación universal", ley con la que "coincide también totalmente la razón humana común en sus juicios prácticos". Esta ley debe, por tanto, fundarse en la propia naturaleza humana, en la propia dignidad del hombre, pues no hay ley positiva alguna que goce de tal universalidad, que pueda ser reconocible y aceptable por la razón humana común. No obstante todas estas expresiones no pasaban de ser un deseo más utópico que realizable.

No fue hasta mediados del pasado siglo, tras los horrores de las dos guerras mundiales que ensangrentaron su primera mitad, cuando se llegó a una proclamación de Derechos del Hombre que podría considerarse universal y con un refrendo por un número considerable de Estados, lo que hacía que esta ilusión se alumbrara como un objetivo alcanzable.

En efecto, el 10 de diciembre de 1948, hace ahora 61 años, la Asamblea General de la ONU aprobaba y proclamaba la Declaración Universal de los derechos Humanos. Cincuenta y ocho naciones formaban en aquel momento la Asamblea que aprobó la Declaración. Pero a medida que se fueron incorporando nuevas naciones a la ONU fueron ratificando esta Declaración hasta poderse considerar universalmente aceptada.

Tras no largo recorrido y sin haber llegado a ser efectivos íntegramente en todos los países del mundo estos Derechos Humanos, se ven hoy amenazados gravemente por la idea del carácter histórico, y consiguientemente, mudable de tales Derechos. La consideración de estos Derechos como conquista inacabada del progreso de la humanidad haría de los gobiernos, de los Parlamentos, de los poderes políticos o de las fuerzas económicas o sociales, la fuente de los Derechos Humanos, por lo que tales derechos perderían su carácter de universales. Así, por ejemplo, se considera en la asignatura de Educación para la Ciudadanía, recientemente introducida en el currículo de la educación obligatoria en España. En uno de los libros de texto de esta asignatura, a manera de ejemplo podemos leer: "En algunas ocasiones, hemos señalado que todas las creaciones humanas (las sociedades, las creencias, las instituciones, etc.) son históricas y se hallan sometidas a variación y cambio. Por tanto, los Derechos Humanos, puesto que también son creaciones humanas, se encontrarán igualmente sometidos a cambios y variaciones" (McGraw-Hill, p. 82). En este texto se consideran los Derechos Humanos como "creaciones humanas" y como tales sujetas a cambios y variaciones que, aunque el texto no lo dice, se producirán con los cambios legales promovidos por los gobiernos, legisladores y quienes tienen algún poder legal o fáctico. Así se plasma uno de los objetivos que propone para esta asignatura el currículo oficial para la E.S.O.: "También son comunes el conocimiento y la reflexión sobre los derechos humanos, desde la perspectiva de su carácter histórico, favoreciendo que el alumnado valore que no están garantizados por la existencia de una Declaración, sino que es posible su ampliación o su retroceso según el contexto."

Es necesario, pues, volver a reflexionar sobre el fundamento de los Derechos Humanos, para evitar que, carentes de una suficiente justificación, se conviertan en un instrumento más de dominación en manos del poder, en lugar de ser la garantía que dé a los ciudadanos la seguridad en el reconocimiento de sus derechos y a los poderes públicos le marquen inequívocamente los límites que nunca pueden traspasar.

En el pensamiento occidental, en el que ejerció una influencia decisiva el Cristianismo, es la persona humana por su dignidad exclusiva a quien pertenecen connaturalmente estos derechos, que pueden y deben ser reconocidos por la razón humana y por consiguiente por los gobernantes y legisladores.

S.S. Benedicto XVI viene insistiendo en diversos mensajes en la idea de que es la naturaleza humana y su dignidad el único fundamento sólido de los Derechos Humanos. Y en su reciente Encíclica "Caritas in veritate" denuncia la incoherencia de unos pretendidos derechos arbitrarios y voluptuosos frente a una gran parte de la humanidad que carecen de los más básicos.

El Santo Padre atribuye esta situación precisamente al intento de fundar tales derechos en acuerdos de asambleas de ciudadanos, y la desvinculación de derechos y deberes. Por ello recuerda a los Gobiernos y Organismos Internacionales la objetividad y no disponibilidad de los Derechos Humanos.

Es hoy un día apropiado para hacer, como ciudadanos, una reflexión sobre los Derechos Humanos y tomar postura ante los mismos: o nos comprometemos con ellos, respetándolos y exigiendo a los gobernantes su respeto, o asistimos impasibles al olvido y sistemática violación de estos Derechos que tal vez un día no lejano nos afecten personalmente, como hoy sufren millones de personas en todo el mundo.

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