En tránsito

La Consti

Más de 15 millones de personas votaron a favor de la Constitución en 1978. ¿Eran todo unos papanatas?

El otro día oí un comentario que pretendía ser crítico con la Constitución del 78, esa ley fundacional de la democracia que nos ha permitido -entre otras cosas- disfrutar de este largo puente de diciembre. "Si la Constitución fuera realmente querida y respetada -decía el tipo-, habría muchas niñas que se llamarían Constitución. Pero no hay ninguna. Haced memoria y veréis que no conocéis ninguna. Y eso significa que a nadie le importa la Constitución. Es un fraude que nos hicieron tragar, sólo eso". Y sí, es cierto: no hay niñas que se llamen Constitución. Tampoco niños, y eso que es un nombre que podríamos considerar neutro. En otros tiempos había niñas que se llamaban Democracia o Libertad. Mi padre tuvo una paciente que se llamaba Octubrina, en honor a la Revolución de Octubre soviética. Y la gran Idea Vilariño -hija de un poeta aficionado- tenía cuatro hermanas llamadas Poema, Numen, Alma y Azul. A ella -más afortunada- le tocó llamarse Idea. Pero no hay personas nacidas alrededor de 1978 que se llamen Constitución. Se lo ha consultado al sapientísimo señor Google y a la gentil doctora Wikipedia, y ambos me lo han confirmado. No las hay.

Vale, pero ¿significa eso que la Constitución de 1978 es una imposición que nos tuvimos que tragar porque todos los que teníamos edad de votar en 1978 éramos idiotas? El referéndum sobre la Constitución no dejó lugar a dudas: un 91% votó a favor. En total fueron más de 15 millones de personas. ¿Eran todas ellas cobardes e ignorantes? ¿Eran papanatas que se dejaron engañar como niños? Puede que no se viviera un gran entusiasmo en la calle, pero las urnas lo dejaron muy claro. Y convendría recordar que la izquierda mostró mucho más entusiasmo por la Constitución que la derecha.

Ahora mismo nos gobierna un señor que se mantiene en el poder gracias al apoyo parlamentario de varios grupos políticos que odian la Constitución del 78 y que están dispuestos a hacer lo que sea por desmantelarla. Ni en Francia ni en Alemania ni en Portugal ni en USA podría ocurrir esto. Tampoco en otros cincuenta países que prohíben todo partido que amenace la unidad territorial. Pero aquí es posible y hasta normal, y un presidente que tiene justificada fama de confiable y leal está en el poder gracias a los enemigos declarados de la norma fundamental de un país. ¿Qué más quieren? ¿Les parece poco?

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