Con la venia

Fernando Santiago

Comidas de empresa

 ENTRE los muchos petardos insoportables  que nos depara la Navidad("estas fechas tan señaladas", etc) uno de los mayores son las comidas de empresa. Comprendo que para la hostelería es una buena cosa pero para la mayoría de la humanidad es un tormento digno del Museo de la Tortura. Son grandes rollos sin parangón: el amigo invisible, la obligatoriedad de ser felices, vuelve a casa por Navidad, el turrón, las uvas, las cenas familiares con los cuñaos, las uvas, los regalos, la iluminación extraordinaria, las compras, ¡Papá Noel!, los Reyes Magos. Un tormento que empieza después del puente de la Constitución y que acaba con las rebajas de enero. La gente se queja de que España se ha paralizado con motivo del largo puente de esta semana, pero en realidad entramos en un mes tonto donde nada avanza y nada se puede hacer. Es el mes del buenismo: todos felices, todos nos queremos mucho, todos nos deseamos una larga suerte de deseos maravillosos. Eso sí, con España parada, para que luego los alemanes se quejen de que no trabajamos.

A mí los Reyes Magos quizás me parezcan de las costumbres menos malas de todas las que se dan en la Navidad, sobre todo para el que tenga hijos menores de 10 años. Aún así me llama la atención la gente que son unos malvados en sus trabajos y se revisten los ropajes de Rey Mago: gente que maltrata a sus empleados o a sus subordinados durante unos días reparte ilusión y bondad. Por no citar comportamientos peores que muchos tendrán en la cabeza. Paradoja de las fiestas.

El colmo de los colmos son las comidas de empresa por Navidad. Todos somos buenos, todos nos queremos mucho, pelillos a la mar, todas las desavenencias y los malos rollos los dejamos en la puerta y, si puede ser, un poco de satireo entre el personal. Lugares atestados de gente donde te  ponen de comer rancho cuartelero a precios de El Bulli. Compañeros que en muchos casos se detestan hacen como si no pasara nada, con sus brindis y todos sus avíos. No quiere decir que yo no vaya: me veo arrastrado como la mayoría a ese tipo de festejos donde los únicos que tienen algo que festejar son los hosteleros, que ganan un dinero. Aún así, los de HORECA se quejarán: han bajado los precios, han bajados los menús, han bajado los comensales, han bajado las consumiciones. Todo ha bajado.

Lo que puedo asegurar, porque lo he visto, es que no hay nada peor que una comida de empresa en Jerez. A todo lo anterior se le añaden los villancicos flamencos. En los restaurantes te dan, incluso, una pandereta. Y a los postres todo el mundo a cantar unas coplillas la mar de salerosas. Ante tamaña estridencia no se puede hablar ni se puede parar pero qué gracia más grande hay en la tierra de María Santísima. Y no te quejes al dueño porque encima quedas fatal. Nadie se para a pensar que puede que haya algún comensal al que le apetezca charlar con tranquilidad. A gritar con énfasis como si se estuviera entonando una melodía encantadora que a todos nos embelesa cuando lo que se hace es un ruido ensordecedor. Luego se quejarán los jerezanos.

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