La campaña mínima

fernando / santiago

Círculo de contraaltos y octavillas

LA mayoría de las frases ingeniosas se atribuyen a Oscar Wilde o a Winston Churchill. En España ese papel lo juega en gran parte el Conde de Romanones. Dijo el famoso político español algo así como que para triunfar en la vida pública hace falta estar casado, ser abogado y tener una buena voz. Ahora hay muchos más docentes que abogados dedicados a la política y, sobre todo, muchos profesionales de la cosa que no han hecho otra cosa en su vida que medrar en sus partidos para alcanzar puestos de responsabilidad. Susana Díaz es el ejemplo paradigmático de no haber cotizado jamás a la Seguridad Social por un trabajo privado. Eso sí, tras 15 años se sacó el título de licenciada en Derecho. Susana Díaz no tiene el timbre de voz que pensaba el Conde de Romanones. Tiene el acento sevillano que debe gustar mucho en España y ha aprendido a dramatizar en sus mítines al estilo Felipe González, a impostar la voz de manera tal que sube el volumen cuando quiere que aplauda la peña y afectar el tono cuando quiere dramatizar. Puro teatro pero muy útil para esas misas laicas que son los mítines. Moreno Bonilla no tiene punto de comparación, el pobre. Repite las frases varias veces para enfatizar o hace alguna gracia de comparsa sevillana como lo que dijo el otro día sobre la delantera del equipo que representaban las ministras presentes en el acto. Una dirigente del PSOE quiso ver en el pésimo juego de palabras un ejercicio de machismo, quizás para apuntarse el tanto ante el alto mando de su partido en el Día de la Mujer. Arenas en cambio tiene el mismo acento sevillano que tanto debe gustar al pueblo soberano hasta el punto de que llegó a ganar las elecciones. Quien tiene un timbre pésimo es Teresa Rodríguez: se le quiebra la voz, pierde el hilo y repite simplezas con un entusiasmo digno de mejor causa, como cuando dijo que el Estatuto de Autonomía se aprobó un 4 de diciembre. Eso sí, la dirigente de Podemos no se recata en sacar al escenario a su pareja, el conocido comparsista Kichi. Cada vez que tiene ocasión lo llama al escenario para cantar "La murga de los currelantes", canción de Carlos Cano de antes de que nacieran ambos. Como si en los mítines del PP cantaran, un poner, "Carmina Burana" el coro de adeptos que se sitúan detrás del orador. Teresa debe pensar que su novio le añade algo a la campaña y le gusta tenerlo al lado. El Kichi va de punta en la comparsa de Bienvenido así que debe cumplir el requisito de la buena voz que reclamaba el Conde de Romanones . Cádiz ha pasado de Castelar al Kichi, de "Dios es grande en el Sinaí" a "Los imprescindibles". El signo de los tiempos.

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