El portavoz de la Junta ha dicho que las próximas elecciones autonómicas serán el domingo 27 de noviembre de 2022 y se ha quedado tan ancho. Parece que Moreno Bonilla pone un vencimiento placebo a la legislatura para zanjar especulaciones de adelanto. Aunque la declaración de Bendodo carece de valor jurídico; la convocatoria oficial sólo se puede hacer 54 días antes. Charles Pascua, antiguo ministro del Interior gaullista, es el autor de una frase de cinismo casi perfecto: "las promesas sólo comprometen a quien se las cree". Esa insolencia se la dedicó a unos periodistas que le preguntaban por un incumplimiento. En ese sobreentendido tenemos una cita electoral de pega.

Sin embargo, lo más fácil es que al PP le convenga que haya elecciones regionales en primavera, digamos en mayo: un año después de las de Madrid y un año antes de las municipales y autonómicas de 2023, para dosificar eventuales triunfos e ir aproximando a su partido a La Moncloa. La frasecita de Bendodo no deja de ser una boutade de las suyas: como inflar el padrón en un millón de personas o convertir archivadores metálicos en cajas fuertes clandestinas.

El consejero de Presidencia hizo esas declaraciones el lunes a la llegada a un acto en Málaga, que presidía en sustitución del enfermo presidente Moreno, y al que llegó con 26 minutos de retraso. Le esperaban puntuales el alcalde, la consejera de Cultura y un centenar de invitados a la inauguración de una gran retrospectiva del pintor Eugenio Chicano en La Aduana. Chicano impulsó la reclamación ciudadana de convertir el edificio del antiguo Gobierno Civil en Museo de Bellas Artes y Arqueológico. Ese liderazgo fue elogiado por Bendodo y otros oradores del Partido Popular con entusiasmo, obviando que Aznar se opuso a abandonar este edificio para que se convirtiese en museo. Fue Zapatero quien lo hizo.

Cuando Eduard Balladur llegó al Ministerio de Hacienda francés en 1986, sus instalaciones en el ala Richelieu del Museo del Louvre acababan de ser desalojadas para la remodelación de Ming Pei. Pero mandó rehacer su despacho y los de su gabinete. Un día, en un acto en el Arco del Triunfo mirando hacía los Campos Elíseos con el Louvre al fondo, dijo: "¡Qué bonito es el Estado!". En Málaga hubo un empecinamiento parecido del Gobierno de Aznar en mantener la Subdelegación del Gobierno en el Palacio de la Aduana como símbolo del Estado, aunque la cultura sea más estado que una oficina administrativa. Ahora el PP elogia a quien se empeñó en lo contrario. Los errores sólo comprometen a quien los recuerda.

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