La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Casado y sus objetivos para septiembre

Tiene mérito que Pablo Casado salga bien parado en diversas encuestas, aunque no habrá elecciones generales ahora ni se espera un adelanto. ¿Cuando se verán en otra situación tan boyante como la actual los separatistas vascos y catalanes, los legatarios de ETA y demás ralea? El ascenso del partido de Génova es digno de destacar, pues julio no ha sido un buen mes para Casado. Entre la polémica con Vox en Ceuta, el pinrelazo que a cuenta de la dichosa Guerra Civil pegó Ignacio Camuñas en su presencia, innecesario y gratuito, y el procesamiento del piadoso Jorge Fernández Díaz, ex ministro del Interior, junto a toda su cúpula por investigar al siniestro Villarejo... ¡No me negarán que es un éxito que haya prospecciones que le concedan la mayoría con 130 diputados! Al menos Cospedal y su marido no irán al banquillo. Y Rajoy puede respirar... por este caso. La ex secretaria general le dio sus votos a Casado cuando aquellas primarias. Lo hizo por odio africano contra Soraya. Cualquiera menos Soraya. Y salió Casado, al que le está costando un mundo erigirse en el líder de la derecha española. Cuando el PP cosecha un fracaso como el de Cataluña se lo imputan entero a él. Cuando logra un éxito indiscutible, como el de Madrid, lo convierten en amenaza para él, léase Ayuso aupada precipitadamente como futura presidenta del PP. Casado dijo un día que no disponía de tanto tiempo como Aznar para forjarse como líder. A ver si al final no es que no lo tenga, es que va a disponer del mismo o de más tiempo sin que le rechisten en el partido. El peligro de Casado no está tanto en el tiempo, mientras los sondeos sean favorables y el sanchismo siga sumando aristas y quemando ministros de triste recuerdo como los de Justicia y Fomento, o de anodina evocación como el astronauta, sino en su relación con Vox, aquellos primos hermanos con los hace años el PP abría los regalos de los reyes magos y ahora se miran con recelo y apenas se dan la paz en misa. Casado crece por el hundimiento de Ciudadanos, que oye el cascabeleo de las mulillas, dispuestas ya a recoger el cadáver. Sale reforzado por la peligrosa y prematura caída en la que ha entrado el presidente del Gobierno, icono de la mentira probada. Pero le falta quizás sumar él mismo un plus de calidad, generar brillo propio y dejar claro de una vez cómo será su relación con Vox, su socio natural y parece que indispensable para desalojar al fatuo de la Moncloa. No son tiempos de grandes nombres en la derecha española, pero sí de necesarias alianzas y entendimientos. De otra forma nunca habrá cambio. A río revuelto, el Falcon sigue en al aire.

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