Francisco José / Ortega

Campeona de secano

ORO olímpico, el privilegio más grande jamás soñado por un deportista. Esa maravillosa sensación pudo gozarla en la tarde de ayer en las frías aguas de Weymouth una sevillana llamada Marina y apellidada Alabáu Neira. La deportista del Náutico, incluso, se dio el gustazo de hacerlo a lo grande, como lo firman los campeones más ilustres, los elegidos por los dioses para alcanzar la gloria en cualquier modalidad deportiva. Si había dudas, cálculos sobre el puesto a ocupar en la última regata, Marina las disipó con celeridad. Desde la primera boya ya estaba entre las mejores del día y la última, espantados los nervios de una vez por todas y con la seguridad de saberse la mejor, la sobrepasaba en la primera posición de la Medal Race. La campeona de secano.

Porque resulta curioso que una ciudad sin mar, por mucho que las playas estén tan cerca que todos los sevillanos se sienten en ellas como en sus propias casas, tenga a dos de las mejores windsurfistas del mundo. La gloria, sin embargo, se encargó de coronar ayer de manera definitiva a Marina Alabáu por la sencilla razón de que ésta ha sabido evolucionar en los últimos años hasta convertirse en la reina. Es el fruto del trabajo, de la perseverancia, del nomadismo de vivir un día en Tarifa y otro en Santander y estar dispuesta siempre a pelear contra ese viento que jamás halló en su ciudad natal. Ni siquiera cuando a los 14 años ya conseguía sus primeros éxitos internacionales.

Ahora, años después, Marina domina mejor que nadie el levante, el poniente, hasta el mistral y lo que le echen. Es oro olímpico, reina del mar, la campeona de secano.

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