El balcón

Ignacio / Martínez

Cal y arena

AYER se consagró un narcisista en el Congreso. Inició su intervención en el debate de investidura hablando de sí mismo, para hacer honor a esa cualidad. Todos los populistas son narcisistas por definición, pero Pablo Iglesias sobreactúa en sus exhibiciones, cuando posa con el bebé de Bescansa en la sesión constituyente o cuando se da un beso teatral con el portavoz de su franquicia catalana en el centro del redondel del salón de plenos. Ayer pasó del registro tremendista del miércoles a la frivolidad de Sálvame. Calificó de perturbador el beso que se dio con Domènech, y sugirió prestar su despacho para que una diputada del PP pudiese conseguir la felicidad con el diputado de su grupo Miguel Vila...

Se puso graciosillo para relajar el tono. Después de haber llamado asesinos y miserables a los socialistas el miércoles, pretendía tras esos besos y felicidad poder decirle a Sánchez "Pedro, sólo quedamos tú y yo". Tras dar la de arena el miércoles quiso ayer poner la cal. No le salió bien. Quizá porque en la arena del miércoles había demasiada cal (viva). Esto de mezclar la frivolidad con el narcisismo populista es una mala combinación. Tuve en mi juventud un sabio redactor jefe que sostenía que a los duros malencarados los discursos con azúcar les salían muy mal. Iglesias pierde mucho sin la espada de fuego esgrimida para castigar cualquier desviación desde la verdad absoluta, que sólo poseen él y los suyos.

A veces el populismo se mezcla con el hooliganismo. El portavoz de Esquerra, Gabriel Rufián, se presentó como un charnego independentista. De origen andaluz, por cierto; aunque nacido en Santa Coloma de Gramanet, es hijo y nieto de jiennenses y granadinos. Presentó esta circunstancia como una victoria de los soberanistas y una derrota de los demás. Y deslizó una descalificación a Ciudadanos muy repetida por los independentistas: que se negaban a votar contra el franquismo.

Al final del debate, el portavoz de C's consiguió un turno para desmentirlo y dar la fecha en la que votaron en contra ¡junto a ERC! A partir de ahí, la bisoñez del presidente del Congreso propició un escandalito del Grupo Popular y Esquerra República protagonizado por Hernando (PP) y Tardá (ERC). Ambos pidieron réplicas por alusiones que no consiguieron y provocaron escaramuzas y broncas en las que enredaron un buen rato a Patxi López.

Rivera y Hernando (PSOE) hicieron los mejores discursos de la tarde. Los tonos de Rajoy e Iglesias no dejaron resquicios para posteriores acuerdos. Pero en dos meses todo puede ocurrir. Si no, elecciones en junio.

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