CALLE REAL

Enrique / Montiel

Buxtehude

EN 1705, el joven Johann Sebastian Bach marchó a pie a Lübeck para oír tocar el órgano a Dietrich Buxtehude. Bach tenía entonces veinte años y ocupaba su primer puesto de trabajo como organista de la pequeña ciudad de Arnstadt, en Turingia. Había pedido cuatro semanas de permiso, pero, con gran enfado de sus patrones, su ausencia se prolongó casi cuatro meses. El viaje -de unos 480 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta- le llevó un tiempo de varias semanas, pero Bach encontró otros motivos para quedarse en Lübeck. Buxtehude.

He puesto un cd del músico de Lübeck -Cantatas Sacras- para sentarme a escribir el Calle Real de este Domingo de Pasión, uno de los días más hermosos de todos los años de una vida. Domingo de Ramos. En Tierra Santa, por los desiertos de la purificación, frente a las murallas de Jerusalén, mirando la cúpula dorada de la Mezquita de la Roca, al pie del torrente Cedrón y las laderas del Monte de los Olivos donde descansan judíos de toda condición que no pudieron erigir el Templo dos veces destruido, los tambores y cornetas no suenan sino el jadeo que hace en los corazones las calles pinas y el calor del verano de Jerusalén.

Buxtehude ha traspasado tres siglos de historia humana para seguir poniendo esta dulzura de su música sacra, ajena a La Isla de rumores que no se apagan que era La Isla de ayer sábado y es La Isla de hoy domingo, Domingo de Ramos, en las tribunas, las barras de los bares, las mesas al sol del mediodía y las interminables llamadas telefónicas de la perplejidad: "Todavía no me lo creo, por más que lo pienso más increíble me parece".

Somos un cogollo, quería decir. Un grupo pequeño de gentes que no se atreven a aventurar una opinión a cara descubierta (oh, los foros de los desahogos de los periódicos, modernos confesionarios sin indulgencias). Sobre lo que pasa. Una presunción ya cerrada como se suele decir de lo fatal: abrieron y cerraron. Cuando lo que habría que hacer precisamente es lo contrario: llegar hasta el fondo, limpiar hasta el hueso, analizar las muestras y ensayar la mayor y mejor terapia posible. Pero, ¿se ha cerrado? Por de pronto todos dicen que les extraña, muchos que no es verdad. Algunos, muy bajito, que ahí no se puede quedar, que "de seguro" que hay más, que ya la Justicia dirá la última palabra.

Pues eso: ni mú.

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