La corredera

Antonio Morillo

¡Buques fantasmas!

VOY camino de la costa y entre la bruma del atardecer se vislumbra en el horizonte del mar unos grandes barcos que al parecer no navegan. Permanecen quietos en lontananza como si fueran vigías del Océano. Uno, dos, tres cuatro... separados a cierta distancia y como en hilera.¡Qué extraño! ¿Será un nuevo desembarco en Normandía? ¿ O bien será una flota de los temibles vikingos que allá en la Edad Media arribaban y arrasaban nuestras costas? ¿ Y si fueran galeotas turcas que venían a nuestra tierra a robar ganados y coger esclavos y destruir las almadrabas del duque? ... de cualquier manera habría que avisar a los paisanos para que huyeran de la costa y se cobijara tras los recintos amurallados . Tengo una imaginación loca que me hace ver fantasmas. La bruma, el taró son malos consejeros. Porque pregunto y pregunto y me dicen que no vea fantasmas. Son grandes barcos mercantes que fondean en aquellas aguas a unas nueve millas y en un sitio apropiado, poca profundidad, donde ni el levante ni el poniente arrecian mucho, llamado el Placer de Meca. Allí anclan cara al viento y esperan órdenes de sus consignatarios, a fin de navegar hacia Mediterráneo o Atlántico, donde más interese. Y de esta forma obvian el amarre en los puertos, cuyo coste es muy alto, depende del tonelaje, de una cosa que se llama el GT. Además de ahorrar gasoil, que para un bicho de estas características es un buen pico. Y aquí en alta mar no pagan nada. Así que, ya tranquilo.

Pero al volver hacia tierra, sí veo barcos fantasmas. Un navío con motín a bordo, con un marinero cántabro con pedigrí llamando al orden, otros dos barcos a proa y a popa esperan agazapados a recoger sus despojos. Y otros barquitos menores huyendo de la escuadra e izando en sus mástiles otras banderas.

P/D: El taró se va disipando, dando paso a la cordura y al diálogo. Como pasa en todas las guerras, también aquí la nobleza consiste en respetar al adversario herido. Es la nobleza e hidalguía... de los caballeros. Reconforta que el diálogo y el entendimiento vuelvan por sus fueros, aunque el histrión brame.

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